Spanish Zona de los Niños español

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APRENDAMOS NUESTRO ISLAM

NIÑOS, ¿ HAN PENSADO ALGUNA VEZ?.4.

APRENDAMOS NUESTRO ISLAM

INTRODUCCION

Queridos Niños, en este libro discutiremos cuestiones importantes, en las que deben pensar detenidamente…

En la escuela, sus maestros les enseñan primero el alfabeto y después los números y las matemáticas. Pero, ¿se han preguntado alguna vez por qué van a la escuela a aprender todo eso?

La mayoría de ustedes dirán que se trata de cosas esenciales para tener una profesión decente cuando sean mayores. Eso quiere decir que están casi seguros de que algún día serán adultos. Efectivamente, ese día llegará cuando los niños en su entorno empiecen a llamarlos, “tía, abuelo o tío…”, del mismo modo que lo hacen ustedes ahora. En otras palabras, un día llegarán a ser adultos si eso es lo que Dios les destina.

Sin embargo, no continuarán envejeciendo siempre. Todos envejecemos gradualmente pero, cuando llega el día, dejamos este mundo y empezamos una nueva vida en el otro mundo. Esto también es cierto para ustedes. Después de pasar la infancia pueden llegar a ser jóvenes e incluso alcanzar la edad de sus abuelos. Después vendrá el tiempo en que comenzarán su vida en el Más Allá.

Ustedes van a la escuela con el objeto de prepararse para el futuro. Es importante para cada individuo hacer dichos preparativos. Sin embargo, todos esos esfuerzos sirven sólo para la vida en este mundo. Pero, ¿qué pasa con las cosas que van a necesitar para su próxima vida? También tienen que prepararse para el otro mundo. ¿Pensaron alguna vez en esto?

Cuando sean mayores se tendrán que ganar la vida, lo cual significa que deberán tener alguna profesión u oficio. Por eso van a la escuela. Del mismo modo, para conseguir una vida feliz en el otro mundo, deben hacer ciertas cosas. La primera de ellas es empezar de inmediato a conocer a Dios, Exaltado sea, y aprender cómo quiere que nos comportemos.

En este libro hablaremos sobre el poder de Dios, Quien creó a sus madres, padres, amigos, y demás personas, así como a los animales y a las plantas. En resumen, El creó todo lo viviente además de la Tierra, el Sol, la Luna y el universo entero. Hablaremos del poder y conocimiento infinitos de nuestro Señor, de lo que quiere y no quiere que hagamos. ¡No olviden que las cuestiones mencionadas son muy importantes y prestarles atención les reportará grandes beneficios!

DIOS NOS CREO A TODOS

A menudo oyen a personas refiriéndose a Dios. Normalmente dicen, “que Dios te bendiga”, “si es la voluntad de Dios”, “si Dios quiere”, “que Dios te perdone”, etcétera. Se trata de expresiones que usa quien recuerda a Dios, Le adora o Le exalta.

Por ejemplo, si decimos “Que Dios te proteja” es porque estamos seguros que El es el más poderoso frente a todos y todo, animado o inanimado. Es Dios Quien les puede salvar de algo maligno a ustedes, a sus madres, a sus padres y a sus amigos. Por esta razón, dicha expresión se emplea a menudo al hablar de un desastre natural o un suceso desagradable del mismo tipo. Piensen por un momento: ¿Podrían sus madres, sus padres o cualquier otra persona prevenir un desastre natural, como por ejemplo, una inundación? Ciertamente que no, porque sólo Dios permite que sucedan tales eventos y sólo Él puede impedirlos.

La palabra “insha’Allah” significa “si Dios quiere”. Por eso, cuando decimos que tenemos la intención de hacer o no algo, es esencial que digamos, “Insha’Allah”. Porque sólo Dios conoce el futuro, al cual El lo crea a Su voluntad. Nada ocurre sino es porque El lo desea.

Cuando por ejemplo un amigo nos dice, “seguro que iré a la escuela mañana,” está cometiendo un error, porque nadie puede saber lo que la voluntad de Dios tiene destinado para su futuro. Puede ser que se enferme y no pueda ir a la escuela, que condiciones meteorológicas malísimas hagan suspender las clases o que se produzcan otros impedimentos.

Por esta razón decimos “insha’Allah”, al expresar nuestras intenciones para el futuro, y por medio de ello reconocemos que Dios lo sabe todo, que todo acontece sólo por Su voluntad y que nosotros no podemos saber más que lo que Dios nos permite. De esta forma, mostramos el debido respeto hacia nuestro Señor, poseedor del poder y conocimiento infinitos.

Dios nos informa en el Corán que desea que digamos “insha’Allah” (Si Dios quiere):

Y no digas respecto a algo: “Lo haré mañana”, a menos que añadas: “Si Dios quiere”. Y, si te olvidas de hacerlo, recuerda a tu Señor diciendo: “Quizá mi Señor me guíe a algo que esté más cerca que eso de lo recto”. (Corán 18:23-24).

Ustedes pueden desconocer muchas cosas acerca de estos asuntos, pero eso no es realmente lo importante. Para conocer a Dios, todo lo que hace falta es mirar en torno de uno y meditar.

La belleza sin límites de toda la existencia nos exhibe los atributos de Dios y Su potestad infinita. Piensen en un encantador conejo blanco, el rostro sonriente de los delfines, los colores espléndidos de las alas de las mariposas o los mares azules, los bosques verdes, la variedad de flores y los innumerables atractivosen el mundo. Es Dios el creador de todo ello. Dios ha creado de la nada –incluido el mundo y las criaturas que lo habitan- el universo que observamos. En consecuencia, contemplando la belleza que Él crea, podemos apreciar Su poder infinito y conocer su superioridad absoluta.

Nuestra propia existencia es una evidencia de la existencia de Dios. Así pues, pensemos primero en nuestra existencia y cómo nos ha creado Dios de la manera más adecuada.

La Existencia del Ser Humano

¿Se han preguntado alguna vez cómo pasó a existir el ser humano? Es probable que digan, “a través de una madre y un padre”. Sin embargo, esta respuesta es inadecuada porque no dilucida cómo pasaron a existir la primera madre y el primer padre, es decir, el primer ser humano. Es más probable que hayan oído hablar sobre estos temas en la escuela o a otras personas. No obstante, la única respuesta correcta es que Dios nos creó. Este tema lo tocaremos más detalladamente en los próximos capítulos. Por ahora todos debemos saber una cosa: el primer ser humano que apareció en la Tierra fue el Profeta Adán (la paz sea con él) y de su persona descienden todos los seres humanos. Adán (la paz sea con él) fue, como nosotros, un hombre que caminaba, hablaba, rezaba y adoraba a Dios, Quien primero lo creó a él y después a su esposa. Luego sus hijos se diseminaron por todo el mundo.

Nunca olviden que a Dios le basta con dar una orden para crear. Cuando desea que algo acontezca, da la orden ¡”Sea”!, y es. Tiene capacidad para hacer lo que quiera. Por ejemplo, creó a Adán del barro, cosa que es fácil para Dios.

No obstante, jamás olviden que también hay personas que niegan la existencia de Dios. Se trata de gente que da otro tipo de respuestas a la cuestión de cómo pasó a existir el ser humano y no le interesa conocer la verdad.

Seguramente que nadie se tomaría en serio ciertas declaraciones que podría hacer un personaje de dibujos animados: “fui creado cuando la tinta se derramó por casualidad sobre el papel. Las pinturas también se derramaron por casualidad y formaron los colores. Es decir, no necesito a nadie para que me dibuje y yo me creé por casualidad”. Ustedes saben que las líneas, los colores y las acciones perfectas en los dibujos animados no se pueden formar derramando pintura por uno u otro lado al azar, puesto que si volcamos un frasco de tinta lo único que se obtendrá será una mancha. Nunca formaría una hermosa imagen compuesta por líneas regulares. El dar existencia a algo significativo supone que alguien lo idea, proyecta y dibuja.


Si el muchacho en estos dibujos animados dijera: “Mi retrato aquí ha sido dibujado por pura casualidad mediante tinta  derramada sobre una hoja de papel”, cuando menos sonaría extraño, puesto que sabemos que fue un artista quien lo hizo.  De la misma forma, sería raro que una persona no aceptase que Dios la creó.

Y para comprender todo esto no necesitan ver al artista y dibujante pues se dan cuenta de inmediato que alguien ha dado a estos personajes sus atributos, formas, colores, y las facultades de hablar, andar o saltar.


Todos saben que es un dibujante quien inventa los atributos, formas, colores y capacidades como las de correr y saltar de los personajes de dibujos animados.

En base a este ejemplo, piensen seriamente en lo siguiente: quien no acepta que Dios lo creó es tan mentiroso como el personaje del dibujo animado.

Suponiendo que el incrédulo hablase con nosotros, intentaría explicarnos el paso a la existencia de los seres humanos en los siguientes términos:

“Yo, mi madre, mi padre, mis abuelos, mis bisabuelos y así de seguido, pasaron a existir por casualidad. Las casualidades crearon nuestros cuerpos, ojos, oídos y demás órganos.”


Incluso los órganos de los robots artificiales de alta tecnología son muy rudimentarios y primitivos comparados con los órganos de los seres humanos. Dios creó al ser humano perfectamente adecuado y cada detalle de su cuerpo manifiesta dicha perfección.

Quien hable de esa manera y niegue que Dios le creó, se parece mucho a lo que se le hace decir al personaje del dibujo animado. La única diferencia es que este último se compone de líneas y pintura en una hoja de papel. En cambio, la persona que pronunciara estas palabras es un ser humano compuesto de células. ¿Hay alguna diferencia? Quien habla así, ¿no es un organismo de gran complejidad más perfecto que el personaje del dibujo animado? ¿No posee más órganos? En otras palabras, si es imposible que un personaje de dibujo animado pase a existir por casualidad, entonces es mucho más improbable que quien habla haya pasado a existir por casualidad. Ahora, luego de una breve disquisición, formulemos una pregunta a esa persona:

“Usted tiene un cuerpo maravilloso que funciona normalmente sin defecto alguno. Sus manos pueden sostener los objetos con especial delicadeza, mucho mejor que las máquinas más desarrolladas. Con sus pies puede correr. Tiene una vista perfecta, más aguda que las cámaras fotográficas de mayor calidad. Nunca oye un siseo. Ningún aparato de alta fidelidad puede producir un sonido tan claro como el de sus cuerdas vocales. Muchos órganos de los cuales usted no es consciente trabajan juntos para mantenerle vivo. Por ejemplo, a pesar de que no tiene control alguno sobre el funcionamiento de su corazón, riñones o hígado, estos trabajan continuamente sin fallos. Hoy en día, centenares de científicos e ingenieros trabajan intensamente para diseñar máquinas similares a dichos órganos. Sin embargo, sus esfuerzos son en vano. Es decir, el ser humano es una criatura perfectamente adecuada y el ser humano no puede fabricar nada igual. ¿Qué explicación tiene para todo esto?”

Quien niega que Dios es el creador de todo lo mencionado, probablemente dirá:

“Yo también sé que tenemos un cuerpo y órganos perfectamente adecuados. No obstante, creo que átomos inanimados e inconscientes se juntaron por casualidad para formarlos”.

Seguramente habrán advertido que estas palabras suenan ridículas e irrazonables. Cualquiera sea la edad u ocupación de quien hace tales afirmaciones, es obvio que no logra pensar con claridad y tiene ideas equivocadas. Resulta sorprendente pero es cierto que con frecuencia nos cruzamos con personas que adoptan esos conceptos irracionales.

Puesto que hasta la máquina más simple es diseñada por alguien, cae por propio peso que un sistema complejo como lo es el ser humano no pudo pasar a existir por casualidad. No hay ninguna duda de que Dios creó el primer ser humano. También Dios creó los sistemas dentro del cuerpo del primer hombre, haciendo posible la reproducción y la aparición de las sucesivas generaciones. Dios aseguró la continuación de la raza humana por medio de un programa que insertó en sus células y gracias a eso también existimos nosotros. Lo que lean sobre este tema en las páginas siguientes les permitirá adquirir una mejor comprensión del hecho de que Dios, Nuestro Creador, posee poder y sabiduría infinitos.

El Programa sin Tacha en el Cuerpo Humano


A pesar de que existen ciertas distinciones superficiales entre las razas, todos compartimos rasgos básicos e inmutables como la boca, nariz, ojos y orejas. Debido a los diferentes programas que Dios ha colocado en el cuerpo humano, todos disfrutamos de las mismas características fundamentales, aunque éstas puedan verse superficialmente diferentes.

En las páginas anteriores hicimos referencia a un programa perfecto que Dios insertó en el cuerpo humano. Gracias al mismo, cada ser humano tiene ojos, oídos, brazos y dientes así como, salvo algunas diferencias en sus apariencias, todos los seres humanos se ven razonablemente similares. Nosotros nos parecemos a nuestros parientes, mientras que otras personas tienen sus propias características distintivas debido a dicho programa. Por ejemplo, el chino y el japonés generalmente se parecen, en tanto que los africanos se asemejan en el color de la piel, los rasgos faciales y la estructura de boca y ojos.


Para que una computadora funcione, se necesita el software llamado “programa”. Cada persona vive gracias a la información, similar al software, que Dios ha depositado en nuestros genes.

Ahora expliquemos cómo es ese programa con los ejemplos que damos a continuación.

Seguramente ustedes conocen en términos generales cómo funcionan las computadoras. Un experto realiza su diseño. Otros especialistas producen componentes complementarios, tales como microprocesadores, monitores, teclados, CD, altavoces, etc., en fábricas peculiares con ayuda de tecnologías avanzadas. Ahora disponemos de una máquina capaz de procesar operaciones muy complejas. Podemos utilizarla para diversos juegos o escribir lo que se nos ocurra. Pero para todo ello necesitamos el software llamado “programas”.

Sin los mismos, elaborados especialmente por expertos, la computadora no funciona.

Por otra parte, sabemos que no todos los programas son compatibles con los distintos tipos de computadoras, lo cual quiere decir que el programador debe conocer tanto la computadora como el software compatible con ella. Como vemos, se necesita la máquina y el programa apropiado para que se produzca el funcionamiento correcto. Pero lo que es más importante es que si nadie diseña y produce todas estas cosas, la computadora no funcionaría.


El cuerpo humano tiene un sistema muy intrincado, superior y mucho más complejo que el de una computadora. Aunque nadie supone que la computadora se formó por casualidad, hay personas que afirman que nuestros cuerpos han pasado a existir y adquirido sus peculiaridades por casualidad

El cuerpo humano es similar a una computadora. Como dijimos antes, hay un programa en nuestras células que da lugar a nuestra existencia. Ahora la pregunta es: ¿cómo pasó a existir dicho programa? La respuesta es obvia: Dios, el Todopoderoso, crea específicamente a cada ser humano. Es Dios Quien ha creado nuestros cuerpos así como el programa que le da forma.

Pero no malinterpreten. Desde otro punto de vista es totalmente imposible comparar al cuerpo humano con una computadora. Nuestros cuerpos son infinitamente superiores a la computadora más compleja. Sólo nuestro cerebro, por ejemplo, es muchas veces más complejo que una computadora.

Veamos ahora cómo nace un bebé.

Al principio en el vientre de la madre se presenta un diminuto pedazo de carne que con el paso del tiempo se expande y toma forma.

La estatura, el color de los ojos, las cejas, la forma de las manos y otros cientos de características están todos predeterminados desde el primer momento de nuestra existencia. Toda esa información está almacenada en ese programa que Dios ha depositado en nuestras células. Hace muy poco tiempo que los científicos pasaron a comprender mejor ese programa tan detallado y perfecto.

Crecemos gradualmente de acuerdo con el programa que Dios ha colocado en nuestros cuerpos. Es por eso que nos parece normal la forma en que nos desarrollamos físicamente. Nos lleva años hacerlo. Indudablemente, nos asombraríamos si este programa trabajara más rápido. Sería totalmente asombroso que un recién nacido se convirtiera repentinamente en un anciano ante nuestros propios ojos.

¿Cómo Llegaron a Existir los Demás Organismos Vivos?


Obedeciendo al programa que Dios ha depositado en nuestros cuerpos, crecemos gradualmente. Ver a un recién nacido convertirse de pronto en un anciano ante nuestros propios ojos, ciertamente, nos sorprendería.

Los seres humanos no son en absoluto las únicas criaturas que existen en la Tierra. Hay otros miles de organismos vivos, algunos conocidos y muchos otros desconocidos para ustedes. A algunos los tienen cerca y los ven en todas partes. Sin embargo otros están tan lejos que la única oportunidad de verlos es en libros o películas. Pero una observación más detallada les revelará que todos ellos tienen una característica en común. ¿Pueden adivinar cuál es? Podemos llamarla “compatibilidad”. Enumeremos pues, con qué es compatible un organismo vivo:

El entorno en el que vive.

Otros organismos vivos con los que coexiste.

Los elementos que mantienen el equilibrio de la naturaleza.

Los factores que ofrecen beneficios a los seres humanos.


Dios creó para cada organismo vivo un entorno en el que pueda sobrevivir. Los peces pueden respirar bajo el agua, los pájaros pueden volar en el cielo y los mamíferos pueden vivir en la tierra y en el agua.

Antes de extendernos en esto, pongamos un ejemplo sencillo para clarificar el significado de “compatibilidad”. Piensen en los tomacorrientes y enchufes de sus casas. Son perfectamente compatibles entre sí. Pero, ¿cómo lo sabemos? Al ver que las clavijas del enchufe encajan en las aberturas del tomacorriente. Para ello el ancho de las clavijas de metal del enchufe es exactamente igual al ancho de las ranuras en el tomacorriente. Si este no fuera el caso, el enchufe nunca encajaría en el tomacorriente. Las distancias entre las clavijas del enchufe y las distancias entre las ranuras del tomacorriente también son las mismas. Si no lo fueran, el enchufe jamás encajaría en el tomacorriente. Sin embargo, estas características por sí solas no serían suficientes para establecer la compatibilidad entre el enchufe y el tomacorriente. Si el enchufe fuese muy largo, no habría compatibilidad. Si las clavijas del enchufe no fueran metálicas, la electricidad no pasaría. Si el enchufe no fuera de plástico, cada vez que lo agarráramos recibiríamos un golpe eléctrico. Como pueden ver, la incompatibilidad incluso en el dispositivo más simple, deja a éste inoperante. Eso quiere decir que alguien cuidó que exista la compatibilidad del caso. Es decir, hizo funcionales al enchufe y al tomacorriente. Es improbable que el metal y el plástico se uniesen por casualidad y que éstos se proyectasen de modo separado e independiente, ya que en ese caso, jamás encontraríamos un tomacorriente y un enchufe compatibles entre sí.

La compatibilidad de los organismos vivos es más complicada que la compatibilidad entre un tomacorriente y un enchufe, porque los organismos vivos contienen miles de sistemas y órganos que han de coexistir armoniosamente y trabajar sin fallar. Cualquier intento de recoger por escrito estos sistemas uno por uno, ocuparía una biblioteca de cientos de libros. Por lo tanto, en las siguientes páginas haremos una pequeña reflexión sobre el carácter totalmente adecuado de los organismos vivos creados por Dios:

Los organismos vivos son compatibles con el entorno en el que moran.


Las abejas trasladan el polen de una flor a otra. Este proceso  asegura la reproducción de las flores. De modo similar, el pez limpiador limpia al pez más grande.

Cada ser vivo es perfectamente compatible con su hábitat. Así son creados. Distintos sistemas perfectos aseguran la nutrición, la protección y la reproducción de los organismos vivos.

Es decir, cada uno de ellos está especialmente diseñado conforme a su hábitat.

Los órganos y los estilos de vida de las estructuras vivientes son todos compatibles con las circunstancias de su entorno. Por ejemplo, los pájaros tienen alas perfectas para volar en el cielo. Los peces, en particular, han desarrollado branquias con las que respirar bajo el agua. Si tuvieran pulmones como los nuestros se ahogarían.

Distintos organismos vivos que coexisten son compatibles entre ellos.

Algunos pájaros e insectos, aunque no lo sepan, contribuyen a la reproducción de las plantas. Por ejemplo, las abejas transportan polen mientras pasan de una flor a otra. Algunos vegetales pueden reproducirse gracias a ese proceso. También los animales llevan a cabo acciones que son beneficiosas para otros animales. El pez limpiador, por ejemplo, extrae los microorganismos de la piel de peces más grandes, lo que les permite a éstos tener una vida más saludable. Estamos ante otra forma de compatibilidad.

Los organismos vivos son compatibles con los elementos que aseguran el equilibrio de la naturaleza.


En la naturaleza, hay un equilibrio en la creación de los organismos vivos. Debido a este equilibrio sin tacha, pueden sobrevivir como especies durante millones de años

Ningún organismo vivo –con excepción del ser humano- altera el equilibrio de la naturaleza. Todos ellos han sido creados con características que mantienen la estabilidad del medio. No obstante, la armonía del planeta siempre es vulnerable debido al comportamiento ignorante del ser humano. Por ejemplo, si éste caza una especie más allá de los límites razonables, esa especie se extingue. Su extinción origina un excesivo aumento del número de las presas que le servían de alimento, lo que a su vez pondrá en peligro a los seres humanos e incluso a la naturaleza misma. O sea, hay un equilibrio innato en la creación de los organismos vivos y éstos son totalmente compatibles con la armonía de la naturaleza. El único que tiene el potencial de destruir esa delicada estabilidad es el ser humano.


Todos los días necesitamos nutrientes como carne, leche, huevos, pollo, miel, verduras y fruta. Existen muchas más fuentes fundamentales de nutrición que son bendiciones creadas por Dios para nosotros, motivo por el cual debemos darle gracias a El.

Los organismos vivos son compatibles con los factores que proveen beneficios a los seres humanos.

Por ejemplo, piensen en lo buena que es la miel para el ser humano. ¿Cómo saben las abejas que necesitamos ese tipo de alimentación y cómo la producen? ¿Podrían un pollo, una vaca o una oveja conocer las necesidades nutricionales de los seres humanos y producir los nutrientes idóneos para satisfacerlas? Claro que no.

Esta armonía asombrosa entre seres vivientes es la evidencia obvia de que son originados por un Creador singular. Es gracias a la creación perfecta de Dios que el planeta posee estos equilibrios.

La Creación del Universo


Todos estamos de acuerdo en que la moderna y muy  desarrollada ciudad de la imagen no pasó a existir por accidente sino que fue diseñada y construida por arquitectos, constructores e ingenieros expertos. Nadie podría afirmar lo contrario.

Hasta aquí hemos explicado la creación por parte de Dios de los organismos vivos. Ahora examinaremos el universo en general, al que también lo creó Dios y en el que existimos nosotros, la Tierra, el Sol con su sistema, los planetas, las estrellas, las galaxias y todo lo demás.

Sin embargo, al igual que los que se oponen al hecho de la creación de los organismos vivos, están los que niegan que el universo fue creado, afirmando que se formó espontáneamente. Más aún, sugieren que ha existido siempre. Sin embargo, nunca dieron una explicación que justifique dicha afirmación irracional. Esa conjetura se puede comparar con el supuesto que sigue. Imaginen que un día zarpan y llegan a orillas de una isla. ¿Qué pensarán si se encuentran con una ciudad muy desarrollada, con rascacielos rodeados de preciosos parques y zonas verdes? Imaginen además que dicha ciudad está llena de teatros, restaurantes y líneas férreas. Por cierto, pensarán que la ciudad fue proyectada y construida por personas inteligentes, ¿no? Si alguien dice: “Nadie construyó esta ciudad. Siempre ha existido y en algún tiempo del pasado vinimos y la habitamos. Aquí tenemos todo lo que necesitamos, y toda ella se formó espontáneamente”, ¿qué pensarán ustedes?

Indudablemente considerarán que está loco o que no tiene la menor idea de lo que habla. Por otra parte, no olviden nunca que el universo en el que vivimos es incomparablemente más grande que esa ciudad. El universo contiene una cantidad casi incontable de planetas, estrellas, cometas y satélites de distintos tipos. Por consiguiente, si una persona afirma que este universo perfecto no fue creado sino que ha existido siempre, no debe quedar sin respuesta. ¿Están de acuerdo?


Entonces, ¿podríamos decir que un universo perfecto no fue creado sino que se formó por casualidad? Semejante afirmación, sin duda, sonaría muy extraña. Es nuestro Señor Quien concibió el universo con un orden perfecto.

Después de leer la sección que sigue, podrán brindar la mejor contestación. Ahora desarrollemos la temática del universo y dejemos la respuesta para el final.

Todo empezó a formarse en una Gran Explosión.


Del mismo modo en que los puntos pequeños dibujados en el globo se alejan entre sí cuando el globo se expande, los cuerpos celestes se alejan entre sí bajo el efecto del Big Bang.

Si a la expansión del universo la viéramos como una película, al rebobinarla encontraríamos que en su inicio existe sólo un punto.

En la época en que la gente no contaba con telescopios para realizar observaciones de los cielos, disponían de una información sobre el universo lejano escasa y poco fiable. Con los adelantos de la tecnología se obtuvieron datos precisos sobre el espacio exterior. A mediados del siglo veinte se descubrió algo muy importante: el universo poseía una fecha de nacimiento, lo que significaba que no había existido siempre. El universo -en otras palabras, las estrellas, los planetas y las galaxias- empezó a formarse en un momento específico. Los científicos cifraron la edad del universo en 15 mil millones de años.

Determinaron que pasó a existir en el momento en que se produjo lo que se llamó “Big Bang,” (la Gran Explosión), porque hace 15 mil millones de años, cuando nada existía, todo surgió de repente con la explosión de un punto singular. En resumen, la materia y el universo, que algunos asumían existieron siempre, tuvieron un principio. Aquí surge una pregunta: ¿Cómo comprendieron que hubo un principio? Se trataba de algo bastante fácil. La materia, que se esparció y se separó a gran velocidad con la gran explosión, aún sigue alejándose. ¡Piensen por un momento! El universo sigue expandiéndose ahora mismo. Imagínense al universo como un globo. Si dibujamos dos puntos pequeños en su superficie, ¿qué pasa al inflarlo? Los puntos se alejan uno del otro al expandirse e hincharse. Como en el caso del globo, el volumen del universo también se esta incrementando y cada cosa que hay en él se separa de las demás. En otras palabras, continuamente aumenta la distancia entre las estrellas, galaxias y meteoros.

Imaginen que observan la expansión del universo en una película de dibujos animados. ¿Cómo se vería el universo si rebobinamos la cinta hacia atrás hasta el principio? Quedaría reducido a un solo punto, ¿no? Eso es lo que exactamente hicieron los científicos. “Retrocedieron” hasta el comienzo del Big Bang y se dieron cuenta de que el universo, siempre en expansión, al principio fue un solo punto.

Esta explosión, llamada Big Bang y predeterminada por Dios, se convirtió en el punto inicial de la existencia del “universo”. Con esta explosión Dios creó las partículas que formaron el universo y así surgió la materia que se esparció hacia todos lados a una velocidad tremenda. Durante los primeros momentos de la explosión, el entorno se asemejaba a una sopa de materia compuesta de partículas diferentes. Pero con el tiempo este enorme caos empezó a transformarse en una estructura ordenada. Dios creó los átomos a partir de las partículas, y eventualmente, a las estrellas de los átomos. Dios creó todo el universo y todo lo que hay en él.

Veamos un ejemplo para clarificar lo dicho.


Las pinturas de colores variados que hay en un tarro se esparcen por los alrededores debido a una explosión. ¿Podrían las gotitas de pintura esparcidas al azar juntarse espontáneamente y formar la imagen que vemos en el espacio exterior? Se trata de algo absolutamente imposible. Defender la teoría de que el universo se formó por accidente es más irracional que sugerir que la imagen del caso se formó espontáneamente.

Piensen en un espacio gigantesco, sin límites. Allí encontramos sólo un tarro de pintura, nada más. En el tarro hay todo tipo de pinturas mezcladas, de las que resulta un color inusual. Imaginen que una bomba que explota esparce pintura por todas partes en forma de manchas diminutas. Imaginen que millones de motas de pintura viajan en todas las direcciones en dicho espacio y al mismo tiempo empiezan a pasar cosas extraordinarias. Por ejemplo, en lugar de formarse un revoltijo caótico y al final desaparecer, empiezan a interactuar como si fueran seres inteligentes. Empiezan a separase las pinturas individuales y a formarse nuevas uniones por color, las que continúan alejándose. Pero suceden cosas aún más raras: quinientas gotitas azules se unen y bajo la forma de una gota más grande, continúan su viaje. Mientras tanto, trescientas gotas rojas por un lado y doscientas gotas amarillas por el otro se combinan y siguen esparciéndose juntas. Estos grupos separados de colores se alejan unos de otros y forman una hermosa imagen, como si actuaran bajo las órdenes de alguien.

Algunas de esas gotas se juntan y forman distintas imágenes: estrellas, planetas con un sol, la Tierra, la Luna, etc. Si alguna vez vieron una imagen semejante, ¿pensarán que una explosión en un tarro de pintura la formó accidentalmente? A nadie se le ocurrirá que eso es posible.

Según este relato de las gotas de pintura, la materia se juntó y formó los cuadros perfectos que vemos cuando miramos al cielo, o sea, las estrellas, planetas y demás. Pero, ¿es posible que todo eso se haya constituido por sí solo?


El orden adecuado en nuestros cuerpos es producto de la creación perfecta de Dios.

¿Cómo podrían formarse las estrellas, los planetas, el Sol, la Luna, y la Tierra como resultado de átomos que se unen al azar después de una explosión? ¿Cómo esa unión de átomos podría dar lugar a sus madres, padres, amigos o a los pájaros, gatos, plátanos, fresas…? Por supuesto, es muy improbable que haya ocurrido eso. Semejante idea es tan absurda como afirmar que una casa no fue construida por obreros sino que se formó por la libre voluntad de los azulejos y ladrillos y por pura casualidad. Todos sabemos que si muchos ladrillos son esparcidos por la explosión de una bomba no da como resultado algunas pequeñas chozas sino que lo único que se obtendrá serán cascotes y tierra que con el paso del tiempo se mezclarán con los componentes del suelo.

Hay algo que merece una atención particular. Como saben, las gotas de pinturas son materia inconsciente e inanimada. Es imposible que puedan juntarse espontáneamente y formar imágenes. Pero aquí estamos hablando de la formación de organismos vivos y conscientes. Por cierto, es imposible que organismos vivos como los seres humanos, las plantas y los animales se formen de modo azaroso a partir de materia inanimada.

Para entender esto mejor, debemos considerar nuestros propios cuerpos, los que están compuestos de moléculas diminutas, invisibles al ojo, como las proteínas, las grasas y el agua… Estos elementos forman las células que a la vez forman nuestros cuerpos. El perfecto orden que existe en éste es producto de un diseño especial. Dios creó los ojos con los que vemos, las manos con las que sostenemos este libro y las piernas que nos permiten caminar. Dios predeterminó cómo nos desarrollaríamos en los úteros de nuestras madres, qué altura tendríamos y el color de nuestros ojos.

Es Dios Quien Creó Todo

Si recuerdan, antes buscábamos la respuesta correcta que daríamos a una persona no creyente. Ahora la tenemos. Las explosiones no ordenan nada sino que solamente destruyen las estructuras existentes. El orden que se presentó en el universo después de la gran explosión o Big Bang, es mucho más perfecto que el visto en los ejemplos que mencionamos, es decir, el de la ciudad descubierta en una isla y el del tarro de pintura. Tal cosa no puede ser producto de la casualidad.

Este sistema universal perfecto sólo pudo empezar a existir por voluntad de Dios Todopoderoso. Dios es capaz de crear cualquier cosa. El dice: “¡Sea!”, y es.

Dios creó para nosotros un universo perfecto y dentro del mismo un mundo hermoso así como animales y plantas. Creó el Sol para que emita energía y nos proporcione calor. La distancia entre el Sol y la Tierra es la más adecuada. Si estuviésemos un poco más cerca nuestro mundo sería muy caliente, pero si estuviésemos más alejados todos nos habríamos congelado.

Cuanto más descubren los científicos realidades como estas, mejor apreciamos la potestad de Dios. La materia es incapaz de tomar decisiones y de llevarlas a cabo. Esto significa que hay un Creador Que diseña y crea este universo. La materia, la sustancia fundamental de las estrellas, seres humanos, animales, plantas y de todo, animado o inanimado, está bajo el control de Dios. En nuestro planeta todo tiene un orden porque todo es creado por Dios, el Hacedor, el Formador.

Dios Creó Todo Con Un Fin


Todo lo que una persona experimenta desde su nacimiento hasta su muerte está determinado por el destino. Podríamos considerar la vida como un conjunto de diapositivas. Si las observamos extendidas una después de otra y desde cierta distancia, podemos ver al mismo tiempo el principio, la mitad y el final de los eventos.

Al principio del libro nos referimos a cómo Dios creó a Adán (la paz sea con él), de quien descendemos todos los seres humanos. Dios concedió y concede vida a los seres humanos para probarlos, a la vez que envió mensajeros para que comuniquen a la humanidad sus responsabilidades.

Cada uno es puesto a prueba en este mundo por medio de los eventos que experimenta. En otras palabras, somos puestos a prueba con lo que nos sucede, con la manera de hablar y con las dificultades. En resumen, se nos prueba si nos comportamos o no correctamente.

Esta prueba servirá para determinar nuestra suerte en la otra vida.

Pero la prueba en este mundo encierra un secreto muy importante. Dios creó el destino como una gran misericordia y consuelo concedidas a la humanidad. El destino, es decir, todos los sucesos que se experimentan a lo largo de la vida, está determinado por Dios incluso antes de nacer. Dios le crea a cada persona su propio destino.

Para entender mejor esto, podemos compararlo con una película grabada en una videocasete. Tanto el principio como el final de la película ya son conocidos, pero nosotros sólo podremos conocerlos después de verla. Lo mismo ocurre con el destino. Todo lo que una persona hará a lo largo de su vida, es decir, los sucesos con los que se encontrará, las escuelas a las que asistirá, las casas en las que vivirá, etc. y el momento de su muerte, está predeterminado.

El conjunto de lo que le acontece a una persona, sea bueno o malo, está predeterminado por el conocimiento de Dios. Cada persona es puesta a prueba conforme a un guión específicamente escrito para él. Resumiendo, de acuerdo con un guión establecido el ser humano atraviesa distintas situaciones, frente a las cuales su fe, sus acciones y sus reacciones determinan su suerte en la otra vida.

El conocimiento del destino es una gran fuente de consuelo para la persona. Es una bendición de Dios. Debido a ello, el ser humano debe saber que no tiene que lamentarse por lo que le acontece pues eso ya estaba decretado. A quienes muestran paciencia ante pruebas duras, conscientes de que nada acontece sin que Dios lo decida así, Dios les anuncia las buenas nuevas del Jardín (El Paraíso). Los mensajeros de Dios constituyen el mejor ejemplo respecto de esto. Dios les ha anunciado las buenas nuevas del Jardín por su fe ejemplar y comportamiento correcto.

DIOS ENVIO MENSAJEROS Y LIBROS

En los capítulos anteriores dimos ejemplos y evidencia que nos ayudan a considerar y entender algo del poder y grandeza de Dios. La razón por la que Dios nos dotó con las facultades para pensar y razonar fue para que lleguemos a conocerle. Dios también nos envió los Libros revelados a través de los cuales Él se nos presenta y nos dice qué espera de nosotros. Dios nos envió mensajeros con el cometido de que sean ejemplos para sus pueblos a través de una conducta excelente. Es por medio de ellos que llega para guía de toda la humanidad el mensaje puro y la revelación de Dios.


El único libro revelado por Dios que ha permanecido completamente intacto es el Corán.

Es difícil saber exactamente cuántos mensajeros envió Dios, aunque hay tradiciones que relatan que a lo largo de la historia hubo trescientos trece mensajeros y un número mucho mayor de profetas. Nosotros sólo conocemos los nombres de los profetas mencionados en el Corán, la última revelación enviada por Dios, Quien nos pone al tanto de la vida de sus enviados para poder comprender su conducta. A través de ellos Nuestro Señor nos comunica la manera correcta de vivir y cómo comportarnos correctamente en este mundo. Sólo por medio de las comunicaciones de Dios podemos aprender cuál es el mejor tipo de comportamiento y más de acuerdo con los valores coránicos. Esa es la única manera de llegar a saber qué forma de proceder es la que resulta del agrado de Dios y nos hace ganar Su premio infinito, así como qué cosas son las que nos conducen al castigo.

Dios nos informa en el Corán que a lo largo de la historia envió a Sus mensajeros con las advertencias del caso a todas las comunidades. Estos mensajeros llamaron a su gente a rendir culto a Dios, rogarle y obedecer Sus órdenes. También dejó en claro que de no proceder así serían sancionados. En resumen, Sus enviados advirtieron sobre sus conductas a los incrédulos y a los entregados a las malas acciones, en tanto que a los creyentes les fueron dadas las buenas nuevas de que serían premiados. (El Jardín y el Fuego serán tratados con mayor amplitud en las secciones siguientes). El último profeta que Dios envió a la humanidad fue Muhammad (sobre él sean la paz y las bendiciones de Dios). El Corán es el último Libro revelado.

Las primeras revelaciones de Dios han perdido su autenticidad desde el momento en que personas ignorantes y otras con malas intenciones han incorporado sus propias palabras y fragmentos al texto original. En consecuencia, los escritos primitivos, las verdaderas revelaciones que se enviaron inicialmente a la gente, no sobrevivieron. Pero Dios nos envió el Corán, el Libro imposible de alterar.

El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y los musulmanes que le sucedieron conservaron el Corán muy bien. El Corán es tan claro que todos lo podemos entender. Al leerlo nos damos cuenta de inmediato que se trata de la Palabra de Dios. El Corán, que ha permanecido completamente intacto, está bajo la protección de Dios y es el único Libro revelado y solvente para las personas hasta el Día de Juicio.

Hoy día todos los musulmanes, dondequiera que estén, leen el mismo Corán, sin ningún tipo de discrepancia, aunque más no sea de una palabra o de una letra. El Corán que leemos hoy día es idéntico al revelado al Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), compilado por el Califa Abu Bakr y después pasado por escrito por el Califa ‘Uzman (que Allah esté complacido con ambos), quienes vivieron hace 1.400 años. Todos son exactamente iguales. Eso significa que el Corán ha permanecido intacto desde el día en el que fue revelado al Profeta Muhammad (la paz sea con él). Eso se debe a que Dios lo protegió de las personas maliciosas que intentaron alterarlo de un modo u otro. Dios nos informa que Él conserva especialmente el Corán:

Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación [el Corán] y somos Nosotros sus custodios (Corán 15:9).

Con la palabra “Nosotros” en este versículo Dios se refiere a Sí mismo. No hay más dios que Dios, Único y sin asociado. Él es Dios Todopoderoso, Creador de todo y Quien abarca todo en Su conocimiento.

En algunas partes del Corán Dios se refiere a Sí mismo con la palabra “Yo” y con la palabra “Nosotros”. En árabe, que es el idioma del Corán, la palabra “Nosotros” también se emplea para referirnos a una sola persona con el propósito de despertar en el oyente sentimientos de poder y respeto. En inglés hay un caso similar conocido como “el Nosotros que utiliza la realeza”. Son las palabras más correctas porque son las palabras de Dios, Quién nos conoce mejor que lo que nos conocemos nosotros.

En el Corán Dios nos indica que saquemos lecciones de la vida de los profetas. Un versículo dice así:

Hay en sus historias (las de los profetas) motivo de reflexión para los dotados de intelecto… (Corán 12:111)

Dios llama nuestra atención en este versículo sobre un tipo de persona que sabe que el Corán es Su Palabra, motivo por el que piensa, ejercita su razón y se esfuerza por aprenderlo y vivir conforme a sus órdenes.

Dios hace responsable del cumplimiento de sus órdenes a esas personas a las que envía Sus mensajeros. Las personas no tendrán derecho de presentar excusas en el Día de Juicio después de haber recibido las revelaciones de Dios. Es por eso que los mensajeros de Dios llevan a sus comunidades pruebas de la existencia de Dios y les hacen saber lo que El espera de ellas. Las personas que oyen las palabras de los mensajeros son responsables de actuar según las mismas.

El Corán lo expresa así:

Enviados portadores de buenas nuevas y que advertían, para que los hombres no pudieran alegar ningún pretexto ante Dios después de la venida de los enviados. Dios es Poderoso, Sabio (Corán, 4:165)

Dios creó muchos grupos de personas en la tierra. Algunos rechazaron lo que les trajeron sus mensajeros y negaron que tuvieran la calidad de tales, motivo por el que fueron sancionados. Dios también les advirtió a estas personas rebeldes a través de Sus mensajeros de una vida terrible en este mundo. No obstante, continuaron oponiéndose a ellos y calumniándolos. Más aún, se volvieron tan violentos que en algunos casos hasta les asesinaron. Dios les dio el castigo que merecían y en su momento fueron reemplazadas por nuevas comunidades. Esto se relata en el Corán como sigue:

¿Es que no ven a cuántas generaciones precedentes hemos hecho perecer? Les habíamos dado poderío en la tierra que no os hemos dado a vosotros. Les enviamos del cielo una lluvia abundante. Hicimos que fluyeran arroyos a sus pies. Con todo les destruimos por sus pecados y suscitamos otras generaciones después de ellos. (Corán, 6:6)

En los próximos capítulos trataremos sobre el comportamiento ejemplar de los profetas que disputaron con esas comunidades rebeldes.

El Primer Ser Humano y El Primer Profeta: Adán


En este libro pueden leer acerca de la falsedad de la teoría de la evolución, la cual sostiene que los seres vivos surgieron por accidente.

Como recordarán, cuando hablábamos sobre la creación del ser humano dijimos que el primer hombre en este planeta fue Adán (la paz sea con él). También fue el primer profeta. Es decir, Dios envió un mensajero a la primera comunidad que Él creó en la Tierra para que les enseñe su din (religión) y cómo convertirse en Sus devotos servidores.

Dios enseñó a Adán a hablar y el nombre de todas las cosas. En el Corán se relata esto así:

Enseño a Adán todos los nombres… (Corán, 2:31).

Esto es sin duda muy importante. Los seres humanos son la única creación con la facultad de hablar y es una de sus características peculiares. Gracias a que Dios concedió dicha facultad a Adán, fue posible para el ser humano conocer los objetos a su alrededor por medio de nombres determinados.

Las generaciones que sucedieron a Adán también hicieron uso del habla y expresaron sus sentimientos, tristezas y emociones; vistieron ropas, usaron herramientas e instrumentos y manifestaron talento para la música y las artes. Instrumentos musicales como la flauta, dibujos en la pared y otros objetos que los científicos han encontrado con los restos de seres humanos antiguos, demuestran que se trataba de gente como nosotros. En otras palabras, contrariamente a las afirmaciones de algunas personas, los primeros seres humanos nunca fueron criaturas salvajes, semimonos/semihumanos.

Ustedes saben que ninguna otra criatura puede hablar, pensar o actuar como un ser humano. Dios concedió todas estas facultades especialmente al ser humano. (Para más información sobre este tema pueden remitirse al libro de Harun Yahya, Maravillas de la Creación de Dios).


No hay ninguna diferencia entre las hormigas, ranas o peces actuales y sus parientes fosilizados que se muestran en las imágenes.

Pero ciertas personas que no están dispuestas a aceptar que el primer ser humano fue Adán, plantean algunas suposiciones. Por ejemplo, inventaron una identidad falsa para el primer ser humano. Según sus escenarios imaginarios, los seres humanos y los monos surgieron del mismo ser vivo, es decir, que han tenido un ancestro común que con el tiempo evolucionó y se diversificó. Si preguntan cómo se produjo ese raro acontecimiento, les darán una respuesta sencilla: “Ocurrió por casualidad.” Y si preguntan por alguna evidencia que pruebe dicha afirmación, no obtendrán respuesta. En definitiva, no existe ningún tipo de vestigio que demuestre que el ser humano evolucionó a partir de otro ser.

Aclaremos algo. Algunos seres vivos dejan sus rastros después de morir y los llamamos “fósiles”. Perduran durante millones de años sin sufrir cambios. Pero para que eso suceda deben quedar encerrados de manera repentina en un entorno libre de oxígeno. Por ejemplo, si un pájaro hubiese sido bruscamente cubierto por un montón de arena hace millones de años, sus restos habrían sobrevivido hasta hoy. De la misma manera, hay sustancias producidas por los árboles llamadas resinas, a veces parecidas a la miel, que al convertirse en fósiles se denominan ámbar. En esta resina fosilizada se han hallado insectos, los cuales de ese modo se han conservado durante millones de años inalterados. Es así como recogemos información sobre los seres vivos de la antigüedad.

Quienes sugieren que el primer ser humano surgió de una criatura parecida a un mono nunca pueden proporcionar ningún fósil que pruebe su afirmación. En otras palabras, nadie ha encontrado nunca un fósil que pertenezca a una criatura extraña que fuera semimono/semihumano. No obstante, falsificaron fósiles, imágenes y dibujos para encubrir sus mentiras e incluso, dándole el carácter de “verdades científicas”, las incluyeron en los libros de texto escolares.

Todos estos engaños fueron gradualmente descubiertos uno por uno y se hicieron públicos como fraudes científicos. Dado que las personas que realizan esas falsificaciones son necias y obstinadas, es casi imposible que acepten la existencia de Dios y comprendan que es Él Quien crea todo. Aunque el número de esos falsarios disminuye constantemente, todavía algunos se esfuerzan por diseminar sus visiones erróneas a través de revistas, libros, periódicos y establecimientos escolares. Para tratar de hacer creer sus criterios engañosos, los defienden asegurando que tienen “validez científica”. Sin embargo, cada estudio y evidencia proporcionada por científicos desprejuiciados demuestra que el mono no evolucionó en ser humano.

Adán, el primer hombre creado especialmente por Dios, era en todos los sentidos igual que el ser humano contemporáneo. No era diferente en nada. Estas son las realidades que nos comunica Dios en el Corán. El Todopoderoso nos informa otro asunto muy importante que concierne a Adán: la historia de Adán y Satanás, el enemigo de la humanidad.

Satanás: El principal enemigo del ser humano

Puede ser que ya sepan algo de Satanás. Pero, ¿sabían que él también les conoce muy bien y que recurre a todos los métodos para tentarlos? ¿Sabían que el verdadero propósito de Satanás, que pretende ser amigo de ustedes, es el de engañarles? Empecemos desde el mismo comienzo y recordemos porqué Satanás es nuestro enemigo. Para este propósito, volveremos a la historia acerca de Adán e Iblis (Satanás) en el Corán.

Satanás es también el nombre con el que se generaliza en el Corán hasta el Día del Juicio a todos los seres comprometidos a llevar al ser humano al extravío. Iblis es el principal ser malvado, quien se rebeló contra Dios cuando Él creó a Adán.

Según el Corán, Dios creó a Adán y luego llamó a los ángeles para que se postraran ante él. Los ángeles obedecieron esa orden pero Iblis se negó y afirmó, impíamente, que era superior al ser humano. Debido a su desobediencia e insolencia, fue expulsado de la presencia de Dios.

Antes de alejarse pidió a Dios que le otorgue un período de tiempo con el propósito de tentar a la gente, apartarla del camino recto y así extraviarla. De ese modo hizo y hace los mayores esfuerzos para conseguir que la mayor cantidad posible de humanos se sometan a él. Dios proclama entonces que enviará al Fuego a Satanás (Iblis) y a sus seguidores. El Corán lo expresa así:

Y os creamos. Luego, os formamos. Luego dijimos a los ángeles: “¡Prosternaos ante Adán!” Se prosternaron, excepto Iblis. No fue de los que se prosternaron.

Dijo (Dios): “¿Qué es lo que te ha impedido prosternarte cuando Yo te lo he ordenado?” Contestó (Iblis): “Es que soy mejor que él. A mí me creaste de fuego, mientras que a él le creaste de arcilla”.

Dijo (Dios): “¡Desciende, pues, de aquí! ¡No vas a echártelas de soberbio en este lugar…! ¡Sal, pues, eres de los despreciables!”

Dijo (Iblis): “¡Déjame esperar hasta el día de la Resurrección!”.

Dijo (Dios): “¡Cuéntate entre aquellos a quienes es dado esperar!”.

Dijo (Iblis): “Como me has descarriado, he de acecharles en Tu vía recta.

He de atacarles por delante y por detrás, por la derecha y por la izquierda. Y verás que la mayoría no son agradecidos”.

Dijo (Dios): “¡Sal de aquí, detestable, vil! ¡He de llenar el infierno de tus secuaces! ¡De todos vosotros!” (Corán, 8:11-18).

Después de ser expulsado de la presencia de Dios, Satanás dio comienzo a la lucha que durará hasta el Día del Juicio. Desde entonces se ha acercado a las personas de modo artero, ha trazado planes para extraviarlas y ha usado métodos nunca vistos para ese fin. Para que lo entiendan mejor, Satanás es un enemigo que puede aproximarse al ser humano con mucha astucia. Por esta razón tienen que permanecer vigilantes para escapar de su acecho.

Nunca olviden que Satanás está emboscado en todo momento haciendo planes en contra de ustedes. Por ejemplo, intenta que no lean este libro, que no mediten lo leído y que no hagan buenas acciones; busca que sean irrespetuosos y desobedientes hacia sus mayores; se esfuerza para que no agradezcan nada a Dios, no recen y no digan permanentemente la verdad. Deben tratar siempre que Satanás no les engañe, ni les impida ser personas de buena conducta ni evite que escuchen la voz de sus conciencias.

Deben buscar refugio en Dios y pedirle ayuda cuando les sobrevenga un mal pensamiento o cuando no quieran hacer una buena acción, ya que todas esas son triquiñuelas de Satanás. Nunca olviden que Satanás no tiene ninguna autoridad sobre quienes se aferran a la fe.

Ahora nos ocuparemos de distintos atributos de algunos profetas, sobre quienes Dios llama nuestra atención en el Corán.

El Profeta Noé (Nuh)

Noé (la paz sea con él), como todos los otros profetas, llamó a su gente al camino verdadero. Les dijo que debían tener fe en Dios, que Él es el Creador de todo, que no debían adorar a nada excepto a Él, ya que de lo contrario serían sancionados. EL Corán lo relata así:

Y ya enviamos a Noé a su pueblo: “Soy para vosotros un monitor que habla claro: ¡No sirváis sino a Dios! Temo para vosotros el castigo de un día doloroso. (Corán, 11:25-26).

A pesar de todas sus advertencias, sólo unas pocas personas le creyeron. Dios ordenó a Noé que construyese una gran embarcación y le informó que en la misma se salvarían las personas de fe.

A quienes no tenían fe en Dios les sorprendió que él construyese una embarcación a pesar de estar muy alejados del mar. En consecuencia, lo ridiculizaban. Los que por su falta de fe se burlaban, no tenían idea de lo que les pasaría. Pero Dios sí. Cuando la embarcación estuvo terminada se produjo una fuerte lluvia durante muchos días, el agua se elevó e inundó todo. Este histórico desastre ha sido confirmado por los científicos. En el Oriente Medio han sido descubiertas muchas evidencias que revelan que muchas de las montañas de nuestros días alguna vez fueron cubiertas por el agua.

Es posible que a través de la televisión hayan visto muchas inundaciones en diferentes rincones del mundo. Ante semejante desastre, generalmente las personas suben a los tejados y esperan que las auxilien. En esos casos sólo los helicópteros y los botes pueden rescatarles. Sin embargo, en la época del Profeta Noé (la paz sea con él) sólo el Arca podía salvarles. Ese desastre que se llamó “El Diluvio de Noé”, fue realmente un castigo especialmente creado por Dios para sancionar a quienes no creían en el mensaje de Su profeta. Ninguno de los que esperaban ayuda de alguien distinto de Dios, y se hicieron los sordos ante Sus advertencias, embarcó en el Arca de Noé. Dicha gente no depositó su confianza en Dios sino que confió en otros seres.

Si Dios no nos protege según Su voluntad, nada ni nadie puede hacerlo. Las personas que en ese momento no creyeron en esto, subieron a las montañas o se desplazaron a las zonas más altas, pero así y todo se ahogaron.

Fueron pocos los que creyeron y depositaron su confianza en Dios, Quien los guió y salvó haciendo que se embarquen en la nave con Noé. Cumpliendo con la orden de Dios, subieron al Arca junto con una pareja de cada especie animal. Dice Dios en el Corán:

Antes que ellos ya el pueblo de Noé había desmentido. Desmintieron a Nuestro siervo y dijeron: “¡Un poseso!”, y fue rechazado.

Entonces, (Noé) invocó a su Señor: “¡Estoy vencido! ¡Ven en mi socorro!”

Abrimos las puertas del cielo a una lluvia torrencial y en la tierra hicimos manar fuentes. Y el agua se encontró, según una orden decretada.

Le embarcamos en aquello (la nave) de planchas y fibras, que navegó bajo nuestra mirada como retribución de aquél que había sido negado.

La dejamos como signo. Pero, ¿hay alguien que se deje amonestar?

Y ¡cuáles no fueron Mi castigo y Mis advertencias! (Corán, 54:9-16).

Todos los profetas que fueron enviados a sus comunidades comunicaron básicamente la misma enseñanza, llamaron a sus habitantes a adorar a Dios y a obedecer a los profetas. Por sus servicios no pidieron a cambio ninguna recompensa, ya que los enviados por Dios no proceden así para comunicar Sus Palabras. Prestaron sus servicios sólo porque amaban y reverenciaban a Dios. Al mismo tiempo enfrentaron muchas dificultades: sus pueblos les calumniaron y les trataron de forma cruel. Además hubo gente que planeó matarlos e incluso otros se atrevieron a hacerlo. Dado que los profetas sólo temían a Dios, ninguna penalidad les asustaba. Nunca olvidaron que Dios les premiaría abundantemente tanto en este mundo como el otro.

El Profeta Abraham (Ibrahim)

En su juventud, sin contar con nadie que le hiciera recordar la existencia de Dios, Abraham (la paz sea con él) observaba el cielo. Eso le llevó a reconocer que es Dios Quien creó y crea todo. El Corán lo revela así:

Cuando cerró la noche sobre él, vio una estrella y dijo: “¡Este es mi Señor!”. Pero, cuando se puso, dijo: “No amo los que se ponen”.

Cuando vio la luna que salía, dijo: “Este es mi Señor”. Pero cuando se puso, dijo: “Si no me dirige mi Señor, voy a ser, ciertamente, de los extraviados”.

Cuando vio el sol que salía, dijo: “¡Este es mi Señor! ¡Este es mayor!”. Pero cuando se puso, dijo: “¡Pueblo! Soy inocente de lo que Le asociáis.

Vuelvo mi rostro, como hanif (monoteísta), hacia Quien ha creado los cielos y la tierra y no soy asociador.” (Corán, 6:76-79).

Abraham (la paz sea con él) dijo a su pueblo que no adorase a ningún otro dios que Dios:

¡Cuéntales la historia de Abraham!

Cuando dijo a su padre y a su pueblo: “¿Qué servís?”.

Dijeron: “Servimos a ídolos y continuaremos entregándonos a su culto”.

Dijo: “¿Y os escuchan cuando les invocáis?

¿Pueden aprovecharos o haceros daño?”.

Dijeron: “¡No, pero encontramos que nuestros antepasados hacían lo mismo!”.

Dijo: “¿Y habéis visto lo que servíais, vosotros y vuestros lejanos antepasados?

Son (los ídolos) mis enemigos, a diferencia del Señor del universo,

Que me ha creado y me dirige,

me da de comer y de beber,

me cura cuando enfermo,

me hará morir y, luego, me volverá a la vida,

de Quien anhelo el perdón de mis faltas el día del Juicio.

(Corán, 26:69-82).

Los enemigos de Abraham intentaron matarle cuando los llamó a tener fe en Dios. Encendieron un gran fuego y lo lanzaron allí. Pero Dios le protegió e impidió que se queme. El Corán lo revela así:

Lo único que respondió su pueblo fue: “¡Matadle o quemadle!

Pero Dios le libró del fuego. Ciertamente hay en ello signos para gente que cree. (Corán, 29:24).

Dijimos: “¡Fuego! ¡Se frío para Abraham y no le dañes!” (Corán, 21:69).

Es Dios Quien crea y controla todo. Por Su voluntad el fuego no quemó a Abraham. Este es un milagro de El y una manifestación de Su potestad. Todo en la tierra ocurre por la voluntad de Dios. Nada puede ocurrir sin Su Voluntad y control. Si El no lo desea, nadie puede hacer daño ni matar a otra persona. Dios nos informa en el Corán:

Nadie puede morir sino con permiso de Dios y según el plazo fijado… (Corán, 3:145).

Abraham no murió a pesar de haber sido arrojado al fuego, ya que el momento de su muerte, predeterminado por Dios, aún no había llegado. Dios le salvó del fuego.

Dios nos revela en un versículo que Abraham fue un hombre de conducta ejemplar:

Abraham era, ciertamente, benigno, tierno, estaba arrepentido. (Corán, 11:75).

Dios ama a las personas consagradas sinceramente a Él. Como deja en claro el versículo, no ser rebelde, tener una buena conducta y ser sumiso a Sus órdenes, son atributos que Le complacen.

El Profeta Moisés (Musa)


Después de la muerte de Moisés, algunas personas con malas intenciones modificaron la Torá. Por eso la Torá y el Antiguo Testamento que la gente lee en nuestros días son muy diferentes del libro original revelado a Moisés (la paz sea con él).

Moisés (la paz sea con él) es un profeta a quien Dios se refiere con frecuencia en el Corán. El Todopoderoso le reveló la Torá. Pero la Torá de los Judíos y el Antiguo Testamento de la Biblia Cristiana que se conocen hoy día, han perdido su autenticidad original, puesto que el ser humano ha añadido en ellos palabras y realizado cambios. No obstante, judíos y cristianos leen en la actualidad estos libros manipulados suponiendo que son los originales revelados por Dios. Los judíos se han salido del camino recto porque el libro en el que creen ya no es el libro revelado que trajo el Profeta Moisés (la paz sea con él).


Al rey se le llamaba “Faraón” en el Antiguo Egipto. La mayoría de los faraones fueron personas muy arrogantes que no creían en Dios y que se consideraban a sí mismos divinos.

Por medio del Corán sabemos todo sobre la vida y el buen comportamiento de Moisés. Como nos informa el Corán, a los reyes del antiguo Egipto se les llamaba “Faraón”. La mayoría de los faraones eran muy arrogantes, se consideraban divinos y no creían en Dios, Quien envió a Moisés a uno de los más crueles de dichos gobernantes.

Un tema importante del que nos debemos ocupar cuando leemos los versículos que tratan sobre la vida de este profeta es el referente al “destino”, pues él llega al palacio del rey debido a una serie de sucesos.

Faraón ordenó a sus soldados que matasen a todos los bebés varones que nacieran en su tierra en la época que nació Moisés. En consecuencia, éste corría peligro de muerte. Pero Dios dijo a su madre que le dejara en una cesta en el río, asegurándole que al final se lo devolvería a ella como profeta. Por lo tanto colocó al bebé en una cesta a la que dejó en la corriente y flotando al azar llegó poco después a orillas del palacio, donde la encontró la esposa de Faraón. Esta tomó al bebé y decidió criarlo junto a ella. Así, sin ser consciente, Faraón se encargó de cuidar a la persona que más tarde le comunicaría la revelación de Dios y que se opondría a su visión equivocada. Dios, que abarca todo en Su conocimiento, sabía que Moisés (la paz sea con él) iría a parar donde vivía Faraón y que éste lo criaría en su palacio.


Los Hijos de Israel fueron esclavizados en Egipto por el Faraón. Arriba pueden ver una representación de esas personas sometidas a trabajos forzados.

Dios sabía que Moisés sería dejado en el río, que sería llevado al lado de Faraón y que finalmente ese bebé se convertiría en un profeta. Así fue como Dios predeterminó el destino de Moisés, cosa que comunicó a su madre.


El despiadado Faraón arrestó a todas aquellas personas que creían en Moisés (la paz sea con él) y las esclavizó.

En este punto debemos prestar atención al hecho de que todo lo que sucedió en su vida correspondía al destino predeterminado para él por Dios.

Cuando creció y se convirtió en un joven, Moisés dejó Egipto. Tiempo más tarde Dios le hizo profeta y mensajero y le dio como auxiliar a su hermano, Aarón (Harún) (la paz sea con los dos).


Cuando no hubo duda de que Faraón estaba pensando exterminar a todos los creyentes, éstos huyeron de Egipto bajo la dirección de Moisés (la paz sea con él).

Ambos fueron a ver a Faraón para comunicarle el mensaje de Dios. Resultaba una tarea realmente difícil pero se dirigieron a ese gobernante cruel y le convocaron a creer en Dios y adorarle. El relato coránico dice así:

Luego, después de ellos, enviamos a Moisés con Nuestros signos a Faraón y sus dignatarios, pero fueron injustos con ellos. ¡Y mira cómo terminaron los corruptores!

Moisés dijo: “¡Faraón! He sido enviado por el Señor del universo.

No debo decir nada contra Dios, sino la verdad. Os he traído una prueba clara de vuestro Señor. Deja marchar conmigo a los Hijos de Israel”. (Corán, 7:103-105).


Moisés y los Hijos de Israel quedaron atrapados entre el mar y los soldados de Faraón que les perseguían. Pero Moisés no desesperó ni perdió su confianza en Dios en ningún momento. Dios obró un milagro partiendo el mar en dos y abriendo un camino para que cruzaran los Hijos de Israel. Éste fue uno de los grandes milagros que Dios concedió a Moisés. Una vez que los Hijos de Israel llegaron a la otra orilla, el mar volvió a juntarse, por lo que Faraón y sus soldados perecieron ahogados.

Faraón era un hombre arrogante y orgulloso. Se rebeló contra Dios suponiendo que tenía todo bajo control. Fue Dios quien le había concedido todas sus posesiones, fortaleza y tierras, pero su ignorancia le impedía entenderlo.

Faraón se oponía a Moisés, no tenía fe en Dios y, como mencionamos antes, era un hombre muy cruel. Esclavizó a los Hijos de Israel. Cuando se hizo evidente que pensaba exterminar a Moisés y a todos los creyentes, éstos huyeron de Egipto bajo la dirección del primero, pero quedaron atrapados entre el mar y los soldados de Faraón que les perseguían. Moisés nunca perdió la confianza en Dios ni desesperó. Entonces Dios, obrando un milagro, partió el mar en dos y abrió un camino para que cruzaran los Hijos de Israel. Este fue uno de los grandes milagros que Dios hizo para Moisés. Una vez que los Hijos de Israel llegaron a la otra orilla, el mar partido en dos se volvió a juntar y ahogó a Faraón y a sus soldados.

Dios revela en el Corán este milagroso acontecimiento:

Como ocurrió a la gente de Faraón y a los que le precedieron: desmintieron los signos de su Señor y les hicimos perecer por sus pecados. Anegamos a la gente de Faraón: todos eran impíos. (Corán, 8:54).

En el momento en que Faraón se dio cuenta de que iba a morir, declaró que creía en Dios, con lo que intentaba salvarse. Nosotros no sabemos si el arrepentimiento que sintió a último momento le sirvió de algo, ya que Dios sólo nos perdona cuando el arrepentimiento es sincero y antes del momento de la muerte. Dios es Misericordiosísimo. Si el arrepentimiento es sólo en el momento de la muerte y, por supuesto, si no es sincero, no salvará a quien lo manifieste. Este habría sido el caso de Faraón. Pero sólo Dios lo sabe. Como revela este relato, nosotros debemos vivir complaciendo a Dios a lo largo de nuestras vidas y evitar caer en el error de Faraón. De no lograrlo, el arrepentirnos en el momento de la muerte sería inútil.

El Profeta Jonás (Yunus)

Sin importar cuán desesperada y difícil sea una situación, el ser humano siempre debe confiar en Dios y pedirle ayuda. Como mencionamos en la sección anterior, Moisés (la paz sea con él) nunca desesperó cuando quedó atrapado entre los ejércitos de Faraón y el Mar Rojo, sino que puso su confianza en Dios. Jonás (la paz sea con él) también demostró tener la misma conducta.

Aunque Dios le había encomendado que advirtiera a su pueblo sobre lo correcto y lo incorrecto, no lo hizo. A raíz de esto, Dios lo puso a prueba de varias maneras: en primer lugar fue arrojado al mar desde el barco en el que navegaba. Luego lo tragó un pez gigante. Entonces le invadió una profunda tristeza por el comportamiento que había tenido, se volvió a Dios arrepentido, buscó refugio en Él y Le glorificó. El Corán lo relata así:

Y al del pez (el profeta Jonás). Cuando se fue airado y creyó que no podríamos hacer nada contra él. Y clamó en las tinieblas: “¡No hay más dios que Tú! ¡Gloria a Ti! He sido de los impíos”.

Le escuchamos, pues, y lo salvamos de la tribulación. Así es como salvamos a los creyentes. (Corán, 21:87-88)


Jonás (la paz sea con él) fue arrojado al mar desde un barco y un pez gigante se lo tragó. Dios le rescató de esa situación desesperada.

Dios nos informa en el Corán lo que le habría ocurrido si no Le hubiese tenido confianza y glorificado:

Si no hubiera sido de los que glorifican, habría permanecido en su vientre (el vientre del pez) hasta el día de la Resurrección.

Le arrojamos indispuesto, a una costa desnuda e hicimos crecer sobre él una calabacera.

Y le enviamos a cien mil o más (es decir, Jonás fue enviado a los ninivitas). (Corán, 37:143-147).

Dios rescató a Jonás de una situación verdaderamente descorazonadora. Este es un signo evidente de que nunca hay que desesperar de Su ayuda. Las cosas que experimentó Jonás (la paz sea con él) son una lección para todos los creyentes: nunca debemos desistir de las buenas acciones, independientemente de los sacrificios que enfrentemos, y siempre debemos glorificar a Dios y pedir Su ayuda.

El Profeta José (Yusuf)

En el Corán encontramos un relato detallado de las experiencias de José (la paz sea con él). Aquí las describiremos de modo resumido y nos enteraremos de su conducta ejemplar.

José era uno de los hijos de Jacob (la paz sea con ambos). Debido a los celos, sus hermanos le tiraron a un pozo cuando aún era muy joven. Luego dijeron al padre que un lobo se lo había comido. Viajeros de una caravana lo encontraron en el pozo, lo vendieron y fue a parar al palacio de un noble en Egipto. Pero luego le enviaron a prisión varios años a causa de una calumnia.


Los viajeros de una caravana encontraron a José en un pozo y lo vendieron al palacio de un noble en Egipto.

Finalmente fue declarado inocente y le dejaron en libertad. Puesto que fue totalmente exculpado y demostró ser una persona muy sabia y confiable, el gobernante de Egipto puso los tesoros y almacenes bajo su control. José perdonó a sus hermanos, a pesar de que habían puesto en peligro su vida de una manera muy cruel. Además, los llevó a ellos, a su madre y a su padre a vivir con él.

José (la paz sea con él) exhibió una conducta ejemplar, es decir, pasó con éxito las distintas pruebas a las que Dios le sometió. Por eso El lo rescató de un pozo del que era imposible escapar, lo sacó de una mala situación enviándolo a prisión, lo liberó de la prisión y le devolvió su buena reputación, concediéndole finalmente un rango elevado. Frente a cada situación que atravesaba, se volvía a El y Le glorificaba. A pesar de su inocencia permaneció en prisión durante varios años, pero nunca perdió de vista que eso era una prueba de su Señor. Mientras estuvo encarcelado siempre habló sobre el poder y grandeza de Dios con quienes le acompañaban en esa situación. La lealtad y confianza en Dios en condiciones tan duras, exhibe su excelente condición.

El Profeta Job (Ayyub)

Ser paciente ante los contratiempos es un atributo muy importante propio de los musulmanes. Job (la paz sea con él) fue puesto a prueba con la pérdida de su familia, de su riqueza y una grave enfermedad que le hizo sufrir mucho. Job pedía ayuda sólo a Dios y sólo en El depositó su confianza. Dios respondió a sus súplicas y le enseño cómo volver a estar bien. El Corán nos da a conocer la conducta ejemplar de Job (la paz sea con él) y la forma en que rogaba a Dios:

¡Y recuerda a Nuestro siervo Job! Cuando invocó a su Señor: “El Demonio me ha infligido una pena y un castigo”.

(Le dijo Dios) “¡Golpea (la tierra) con el pie! Ahí tienes agua fresca para lavarte y para beber”.

…….Le encontramos (a Job) paciente. ¡Qué siervo tan agradable! Su arrepentimiento era sincero. (Corán, 38:41-44).

Frente a una enfermedad, sufrimiento o problema, generalmente nos desesperamos e incluso algunos se muestran rebeldes con Dios. Pero eso disgusta a nuestro Señor. Como nos enseña el ejemplo de Job, Dios puede enviar diversos inconvenientes o enfermedades a Sus siervos, lo cual sirve para hacerles reflexivos, sensatos y poner a prueba su devoción a El.

Siempre debemos rezar a Dios y confiar en Él cuando nos encontramos frente a las aflicciones. Debemos ser pacientes como Job (la paz sea con él) y volvernos a Dios. Sólo entonces nuestro Señor facilitará la solución de nuestros problemas y nos premiará tanto en este mundo como en el otro.

El Profeta Jesús (‘Isa)

Dios creó a Jesús (la paz sea con él) de una manera especial. Como en el caso de Adán, lo creó sin un padre. El Corán lo revela así:

Para Dios, Jesús es semejante a Adán, a quien creó de tierra y a quien dijo: “¡Sé!” y fue. (Corán, 3:59).

En el Corán a Jesús (la paz sea con él) se le llama “el Hijo de Maryam (María)”. La madre de Jesús era una persona noble a la que Dios pone como ejemplo para todas las mujeres del mundo. Era muy pura y una creyente consagrada al Señor, Quien a través del ángel Gabriel le concedió milagrosamente un hijo, es decir, Jesús, y le dio la buena nueva de que el mismo sería profeta. El milagro consistió en que Jesús nació sin ser engendrado por un padre.

De acuerdo a lo prometido, Dios hizo de Jesús profeta y le dio a conocer el Evangelio (Injil), uno de Sus libros revelados que envió a la humanidad. (Después de la desaparición de Jesús el Evangelio también fue alterado por los humanos. Hoy día no poseemos el Evangelio original, y los libros a los que los cristianos llaman “Evangelios”, no son muy fiables.) Dios ordenó a Jesús que llame a la gente al camino de verdad y le permitió concretar muchos milagros. Aún en la cuna habló a la gente sobre Dios. También anunció las buenas nuevas sobre Muhammad (Ahmad) (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) el Mensajero de Dios que vino después de él, lo cual el Corán lo relata así:

Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: “¡Hijos de Israel! Yo soy el que Dios ha enviado, en confirmación de la Torá anterior a mí, y como nuncio de un Enviado que vendrá después de mí, llamado Ahmad”. Pero, cuando vino (Jesús) a ellos con las pruebas claras, dijeron: “¡Esto es manifiesta magia!”. (Corán, 61:6).

En su época hubo muy pocas personas que creyeron en Jesús o le ayudaron. Sus enemigos idearon un complot para matarlo. Creyeron que le habían capturado y crucificado. Pero en el Corán Dios nos revela que no cumplieron con su cometido:

… y por haber dicho: “Hemos dado muerte al Ungido, Jesús, hijo de María, el enviado de Dios”, siendo así que no le mataron ni le crucificaron, sino que les pareció así. Los que discrepan acerca de él, dudan. No tienen conocimiento de él, no siguen más que conjeturas. Pero, ciertamente, que no lo mataron. (Corán, 4:157).

Al desparecer Jesús (la paz sea con él) algunos se dispusieron a modificar el Evangelio. Pasaron a considerar a Jesús y a María seres sobrenaturales, e incluso “dioses.” Esas creencias falsas tienen sus defensores aún hoy día. Dios nos informa en el Corán, en palabras de Jesús, que se trata de creencias equivocadas:

Y cuando dijo Dios: “¡Jesús, hijo de María! ¿Eres tú quien a dicho a los hombres: ‘¡Tomadnos a mí y a mi madre como dioses, además de tomar a Dios!’?”. Dijo (Jesús): “¡Gloria a Ti! ¿Cómo voy a decir algo que no tengo por verdad? Si lo hubiera dicho, Tú lo habrías sabido. Tú sabes lo que hay en mí, pero yo no sé lo que hay en Ti. Tú eres Quien conoce a fondo las cosas ocultas. No les he dicho más que lo que Tú me has ordenado: ‘¡Servid a Dios, mi Señor y Señor vuestro!’. Fui testigo de ellos mientras estuve entre ellos, pero, después de llamarme a Ti, fuiste Tú Quien les vigiló. Tú eres Testigo de todo. (Corán, 5:116-117).

Después de su desaparición aumentó considerablemente el número de personas que creyeron en él. Pero hoy día quienes pretenden seguirle están en el camino equivocado porque se guían por la Biblia, libro alterado por medio de adiciones y sustracciones. El único sendero recto que ha permanecido hasta nuestros días es ése al que nos llamó el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y comunicado en el Corán, única revelación de Dios sin alteraciones.

El Mensajero de Dios: Muhammad

De Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), el Mensajero de Dios, sabemos mucho más por ser el último profeta y haber vivido hace sólo 1.400 años. La gente alteró y tergiversó todas las revelaciones de Dios anteriores a Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Entonces, para rectificar los errores incorporados en las anteriores religiones por los humanos, el Señor envía a nuestro Profeta el último Libro, por el que se deberán guiar todos los individuos hasta el Día del Juicio. Es decir, Dios comunica lo que demanda de Sus siervos a través del Corán.

Nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) también encontró cantidad de dificultades a la hora de comunicar el mensaje coránico a su pueblo.

Se hicieron muchas acusaciones en su contra sin fundamentos, pues nunca pidió retribución alguna ni abrigaba intereses mundanales.

Le obligaron a emigrar de Meca, la ciudad en la que nació. Los primeros musulmanes que le siguieron también fueron perseguidos, algunos de ellos incluso fueron torturados y tratados cruelmente. Sin embargo, Dios no permitió que los incrédulos hicieran daño a la religión del Islam, la cual ha permanecido inalterada hasta hoy día. Conforme a la promesa de Dios, cada palabra del Corán ha sobrevivido completamente intacta.

El llamado del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) también va dirigido a los humanos de la actualidad. Dios ordenó a todas las personas obedecer a los mensajeros y en distintos versículos enfatiza que quien obedece a Sus mensajeros está en realidad obedeciéndole a Él. Por esta razón, obedecer a nuestro Profeta es uno de los principios más importantes y esenciales del Islam. La sumisión sincera a las órdenes de nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) es, por cierto, una manifestación de la obediencia a Dios.

El Corán nos presenta los atributos superiores de nuestro Profeta, quien es un ejemplo para todas las personas. Algunos versículos hacen saber:

Os ha venido un Enviado salido de vosotros. Le duele que sufráis, anhela vuestro bien. Con los creyentes es manso, misericordioso. (Corán, 9:128).

Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros varones, sino el Enviado de Dios y el sello de los Profetas. Dios es omnisciente. (Corán, 33:40).

Dios ha agraciado a los creyentes al enviarles un Enviado salido de ellos, que les recita Sus versículos, les purifica y les enseña la Escritura y la Sabiduría. Antes estaban evidentemente extraviados. (Corán, 3:164).

Dios ordena al Profeta Muhammad cómo transmitir Su palabra mediante los versículos que empiezan con la expresión, “Di…,”. Por supuesto, al pueblo transmitió el mensaje completo, es decir, el Corán. Su esposa, ‘Aishah (que Dios esté complacido con ella) dijo: “Su conducta era el Corán”. Con esto quería decir que Muhammad personificó completamente el Corán. Además sabemos que su Sunnah (su forma de proceder) es la manifestación práctica de cómo seguir el Corán. Dios manifiesta en un versículo que aquellos siervos que sientan por El un respeto reverente y quieran ser perdonados, deben obedecer a Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

Di: “Si amáis a Dios, ¡seguidme! Dios os amará y os perdonará vuestros pecados. Dios es Indulgente, misericordioso”. (Corán, 3:31).

Como expresa el versículo anterior, si queremos que Dios nos ame, debemos cumplir con lo que nos indica nuestro Profeta llevándolo a la práctica meticulosamente.

LOS MILAGROS EN EL CORÁN

No cabe ninguna duda de que el más grande de los milagros es la entrega del Corán a nuestro Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), pues el mismo contiene verdades reveladas cuyos significados sólo se han podido develar recientemente, a pesar de que fue enviado a la humanidad hace 1.400 años.

Dios es el creador de todo: los planetas, las estrellas, el universo completo; los seres humanos, los animales, lo animado y lo inanimado. Nuestro Señor es conocedor de todo, incluso de lo que nosotros aún no hemos descubierto, informándonos de algo de eso en el Corán. El carácter milagroso del Corán queda expuesto cuando, con el permiso de Dios, comprobamos científicamente cosas anunciadas o manifestadas en el mismo.

El Corán habla de muchos sucesos que luego fueron descubrimientos científicos. Aquí, sólo trataremos algunos de ellos. (Para más información, pueden remitirse al libro Los Milagros del Corán.)

Cómo Pasó a Existir el Universo.

En el versículo que sigue abajo, y en muchos otros, se describe el origen del universo:

Creador de los cielos y de la tierra … (Corán, 6:101).

En la primera sección del libro describimos en detalle cómo pasó a existir el universo de la nada hace 15 mil millones de años. En otras palabras, el universo pasó a existir repentinamente de la nada.

Sólo la ciencia del siglo veinte hizo posible que lográramos evidencia científica de ese gran evento. Por lo tanto era imposible tener ese conocimiento hace 1.400 años. Pero, como se menciona en el versículo anterior, Dios reveló por primera vez esta realidad en el Corán. Se trata de un milagro del Corán y algo que evidencia que éste es la Palabra de Dios.

Las Orbitas

Muchos de ustedes saben que nuestro mundo y los demás planetas orbitan alrededor del Sol. En verdad, no sólo en nuestro Sistema Solar orbitan astros, sino que todos los cuerpos celestes en el universo transitan órbitas separadas. Eso significa que todos ellos se mueven en senderos muy bien definidos. Esta verdad científica develada recientemente, fue revelada hace 1.400 años:

Él es Quién ha creado la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno (de los astros) navega en una órbita. (Corán, 21:33).

Como se puede ver, también aquí Dios nos informa de un hecho científico descubierto recientemente. Cuando el Corán fue revelado las personas no sabían que los cuerpos celestes se movían permanentemente en órbitas. Pero Dios lo sabe todo y revela lo que quiere a Sus siervos según Su voluntad.

Los Mares No Se Mezclan Uno Con Otro

Una propiedad de los mares descubierta recientemente ya fue revelada en el Corán:

Ha dejado fluir las dos grandes masas de agua, que se encuentran, pero les separa una barrera que no rebasan. (Corán, 55:19-20).

Dicha propiedad de los mares de encontrarse pero no mezclarse para nada, como si hubiese entre ellos una pared delgada, fue descubierta hace poco por los oceanógrafos y ocurre debido a lo que se denomina “tensión superficial”, es decir, debido a la diferencia en la densidad de sus aguas.

Lo interesante de lo mencionado es que en una época en la que la gente desconocía la tensión superficial y los estudios propios de la física o de la oceanografía, esto era revelado en el Corán.

La Redondez de la Tierra

Cuando el Corán fue revelado la astronomía percibía el mundo de forma diferente a la actual. En aquel entonces algunos pensaban que la tierra era plana y cosas por el estilo. Es decir, no se conocía la redondez de nuestro planeta. Fue a través del Corán que se dedujo que la forma del mundo es redonda. El versículo al respecto dice así:

Ha creado con un fin los cielos y la tierra. Hace que la noche suceda al día y el día a la noche… (Corán, 39:5).

La palabra árabe “takwir” en el versículo anterior, se traduce como “suceder”. El día y la noche puede suceder uno a la otra, sólo si la Tierra es redonda. Pero como mencionamos arriba, los árabes que vivieron hace 1.400 años pensaban que la Tierra era plana. Es decir, la redondez del mundo fue indicada en el Corán, revelado en esa época. Se trata de otro ejemplo de que Dios enseña la verdad a la humanidad, verdad que fue verificada por los científicos siglos después.

El Corán, por ser la palabra de Dios, usa los términos más correctos para describir el universo. Es improbable que una persona los haya podido emplear entonces. Sólo es Dios, omnisciente, quien dispone que el ser humano tenga a su disposición distintos conocimientos en cada época.

Las Huellas Dactilares

Cuando Dios comunica en el Corán que para El es fácil retornar al ser humano a la vida después de la muerte, pone especial atención en las puntas de los dedos de las personas:

¿Cree el hombre que no juntaremos sus huesos? ¡Claro que sí! Somos capaces de recomponer sus dedos.
(Corán, 75:3-4).

Para Dios es muy fácil devolver a la vida un cuerpo humano muerto y absolutamente deteriorado. Examinen las puntas de sus dedos. Todos nosotros tenemos huellas dactilares diferentes. Personas gemelas tienen huellas dactilares distintas. Y eso vale para todos los individuos, de la actualidad o del pasado. Por su singularidad es que se las usa para la identificación de las personas.

Dios Todopoderoso puede recrearnos, hasta en el detalle más mínimo. No debemos olvidar que la importancia de las huellas dactilares y el que sean distintas en cada individuo fue descubierto recién en el siglo diecinueve. Sin embargo, Dios se ocupó en particular de ello hace 1.400 años.

En el Corán encontramos muchos otros milagros como éstos. Aquí nos ocupamos sólo de algunos. Pero con lo visto queda en claro que el Corán es la Palabra de Dios. (Para más información pueden remitirse al libro de Harun Yhaya, Los Milagros del Corán).

Dios nos informa en el Corán:

¿No meditan en el Corán? Si hubiera sido de otro que de Dios, habrían encontrado en él numerosas contradicciones. (Corán, 4:82).

Como lo exhibe el versículo de arriba, el Corán proporciona información exacta. La ciencia, en su avance, va descubriendo cosas anunciadas en el Corán. Este carácter milagroso demuestra que es una revelación de Dios. En consecuencia, debemos aprender y acatar meticulosamente las órdenes del Corán.

Lo que nos corresponde entonces es conocer y practicar cuidadosamente lo que nos enseña este Libro, que es lo que nos ordena Dios en muchos de sus versículos:

Es ésta una Escritura bendita que hemos revelado. ¡Seguidla, pues, y temed a Dios! Quizás, así, se os tenga piedad. (Corán, 6:155).

¡No!, es un Recuerdo, que recordará quien quiera, (Corán, 80:11-12).

¿QUE TIPO DE CUALIDADES MORALES NOS EXIGE DIOS?

El Corán, una guía para toda la humanidad, es la Palabra de Dios. Para poder tener el tipo de conducta que a El le agrada, debemos leer los versículos del Corán y vivir conforme a ellos. Esto es muy fácil. Pero desgraciadamente, la mayoría de las personas cometen el error de apartarse de los valores que complacen a Dios. Si algún día el conjunto de los seres humanos obraran de acuerdo con los deseos de El, entonces este mundo se volvería un lugar con una calidad de vida muy superior. Veamos brevemente cuáles son esas cualidades.

Todos sabemos que Dios creó al ser humano. Por lo tanto, es El quien mejor conoce lo bueno y malo que le anima. Una persona puede conseguir engañar a otras personas, pero nunca podrá ocultar nada a Dios. A diferencia de nosotros, el Todopoderoso conoce los pensamientos ocultos del ser humano. En consecuencia, es imposible engañarle. Un versículo expresa:

Di: “Lo mismo si escondéis lo que tenéis en vuestros pechos que si lo manifestáis, Dios lo conoce”. Y conoce lo que está en los cielos y en la tierra. Dios es omnipotente. (Corán, 3:29).

De Dios es lo que está en los cielos y en la tierra. Lo mismo si manifestáis lo que tenéis entre vosotros que si lo ocultáis, Dios os pedirá cuenta de ello. Perdona a quien El quiere y castiga a quien El quiere. Dios es omnipotente. (Corán, 2:284).

La persona consciente de que a Dios no se le puede ocultar nada, sabe que El conoce todo lo que uno hace y piensa. En consecuencia, nunca se atrevería a comprometerse en algo ruin, aunque quede oculto para la sociedad. La persona verdaderamente buena cree en la presencia de Dios y Su unidad con absoluta certeza, reconoce Su poder y es consciente de que Él ve y oye todo. Lo dicho es uno de los prerrequisitos para lograr los valores que Dios exige a Sus siervos.

Amar a Dios y Confiar en El.

Ustedes aprecian el amor que les muestran sus padres, ¿no? También les aman y confían en ellos puesto que les protegen, les quieren y les dan lo que necesitan. Si se encuentran ante una dificultad, saben que siempre estarán allí para ayudarles.

Pero, ¿sopesaron cuánto es el amor que sienten por Dios y cuánto confían en Él? Dios satisface todas las necesidades de todos los seres que crea. Gracias a Su infinita misericordia vivimos en este mundo y disfrutamos de innumerables bendiciones.

Dios creó el Sol para que podamos vivir en la Tierra. Dios también creó para beneficio humano las verduras, las frutas y los animales. Tenemos pan, leche, carne y muchos otros vegetales y frutas deliciosas porque Dios crea todo para nosotros.

Dios creó la lluvia para que podamos tomar agua dulce. Y creó los océanos, inmensas masas de agua salada. Sin lluvia no habría agua fresca ni salada en el planeta, vital para nuestra existencia. Como saben, sin agua sobreviviríamos sólo unos pocos días.

Dios nos dotó con el sistema inmunológico para protegernos de los microbios. Gracias al mismo, no morimos de un resfriado común causado por un simple microbio.

Además, Dios hace que nuestros corazones latan ininterrumpidamente mientras vivimos. Si el corazón necesitara descansar en determinados momentos, como las máquinas, los humanos desapareceríamos del planeta. Gracias a su latido permanente podemos vivir determinada cantidad de tiempo.

Dios creó los ojos para que veamos, los oídos para oír, la nariz para oler y la lengua para hablar, probar los sabores, etc. Se trata sólo de algunas de las bendiciones que Dios derramó sobre nosotros. Somos incapaces de enumerar todas las que nos otorgó y otorga. Dios, misericordiosísimo, lo señala así:

Os ha dado de todo lo que Le habéis pedido. Si os pusierais a contar las gracias de Dios, no podríais enumerarlas. El hombre es, ciertamente, muy impío, desagradecido. (Corán, 14:34).

Como enseña el Corán, parte de una conducta perversa es no agradecer las bendiciones recibidas olvidando que todas ellas son de Dios. Dios no ama a los ingratos y a cambio de Sus bendiciones sólo nos pide que Le amemos y Le estemos reconocidos. Es decir, lo que nos pide es que Le seamos agradecidos. Su orden viene revelada en el versículo siguiente:

Dios os ha sacado del seno de vuestras madres, privados de todo saber. El os ha dado el oído, la vista y el intelecto. Quizás, así, seáis agradecidos. (Corán, 16:78).

¡Comed de lo lícito y bueno de que Dios os ha proveído! ¡Y agradeced la gracia de Dios, si es a El solo a Quien servís! (Corán, 16:114).

El es quien ha creado para vosotros el oído, la vista y el intelecto. ¡Qué poco agradecidos sois! (Corán, 23:78).

Otro versículo revela que los que más aman a Dios son los creyentes:

Hay hombres que, fuera de Dios, toman a otros que equiparan a El, y les aman como se ama a Dios. Pero los creyentes aman a Dios con un amor más fuerte. Si vieran los impíos, cuando vean el castigo, que la fuerza es toda de Dios y que Dios castiga severamente… (Corán, 2:165).

Es Dios Quien protege y sustenta a nuestras madres, padres y al conjunto de lo viviente. Nadie puede hacer esas cosas sin Su permiso. Todos Le necesitamos. Es por eso que debemos amar a Dios y depositar nuestra confianza en El.

Amarlo por sobre todo lo demás, ya sean seres humanos o cosas, confiar en Él y reconocer que es Él quien concede cualquier cosa que nos imaginemos, son las primeras cualidades de una conducta que complace a Dios.

¿Cómo Debemos Comportarnos Con Los Demás?

Dios nos prohíbe ser arrogantes, mentir, burlarnos de los demás y ser orgullosos. A Dios le complace la honradez y la modestia.

Normalmente vivimos influenciados por las personas que nos rodean. Si nuestras compañías son malas, generalmente nos influyen negativamente. Pero si creemos en Dios y reconocemos que constantemente nos observa, nunca nos desviaremos de las buenas acciones por más que nos presionen otras situaciones. De ese modo nos volveremos un buen ejemplo para los propensos a deshonestidades y acciones dañinas.

Dios ama a los pacientes. En el Corán el término “pacientes” no se limita a la aplicación de esa virtud ante pruebas duras, sino que vale para todos los momentos de la vida. El creyente es constante, independientemente de las personas o sucesos con los que conviva. Por ejemplo, quien no reverencia a Dios como corresponde, puede ser bueno solamente con aquel de quien espera algún beneficio. Pero apenas vea en peligro sus intereses, modifica su actitud de manera abrupta. El creyente evita cuidadosamente las conductas improcedentes. Responde a todos con excelentes modales y se compromete a seguir siendo así, sin importarle la actitud de las personas y las condiciones del entorno. Aunque se encolerice se controla y se muestra paciente.

Dios nos ordena que rivalicemos en ser pacientes:

¡Creyentes! ¡Tened paciencia, rivalizad en ella! ¡Sed firmes! ¡Temed a Dios! Quizás, así, prosperéis. (Corán, 3:200).

La paciencia de los profetas mencionados en el Corán nos debe servir de ejemplo. Como recordarán, el sufrimiento de Job (la paz sean con él) duró un tiempo muy largo. Este noble siervo de Dios, no obstante, mostró paciencia y le suplicó a El, Quien respondió a sus súplicas mostrándole una salida.


Coré era una persona muy rica y arrogante.

Noé (la paz sea con él) se mostró paciente y tranquilo cuando se le burlaban debido al Arca que construyó, en tanto que daba consejos. Ambos casos son ejemplos extraordinarios de paciencia. Dios expresa en muchos versículos que ama a Sus siervos pacientes.

Por el contrario, Dios no ama a los arrogantes, presumidos. Es cierto que no todas las personas disfrutan de los mismos beneficios materiales en este mundo. Algunos tienen casas y coches bellos, mientras otros pueden no tener nada. Pero lo importante es actuar correctamente. Por ejemplo, creer que se es superior a otro por vestir mejor ropa, es una actitud que desagrada a Dios. Por eso El nos ordena valorar a las persona por su fe y no por sus apariencias.

Para Dios la superioridad no está dada por la riqueza o el poder. Tampoco por la belleza o la fuerza. Dios valora a las personas por su taqwa (respeto reverencial a Dios), por el amor que ellos sienten por El, por su lealtad a los valores del Corán y su compromiso a vivir según ellos. Estos son los criterios por medio de los cuales Dios evalúa la superioridad. Dios revela en el Corán la historia de Coré para enseñarnos una lección.

Coré era un hombre tan rico, que las llaves de su tesoro tenían que ser acarreadas por varias personas. Los ignorantes en su entorno querían ser y poseer tantas cosas como él. Pero Coré era arrogante, soberbio y desobediente a Dios. Negaba que hubiese sido El quien le permitió tener semejante riqueza. En consecuencia el Señor le castigó con un terrible desastre: en una noche desaparecieron él y todas sus posesiones. Ante semejante calamidad, las personas que deseaban ser como Coré se alegraron de no estar en su lugar, a la vez que reconocieron que se trató de un castigo de Dios.

El Corán ejemplifica con Coré a dónde conducen comportamientos como el suyo:


La tierra tragó a Coré y todos sus tesoros debido a la insolencia que exhibía para con Dios.

Coré formaba parte del pueblo de Moisés y se insolentó con ellos. Le habíamos dado tantos tesoros que un grupo de hombres forzudos apenas podía cargar con las llaves. Cuando su pueblo le dijo: “¡No te regocijes (por los bienes materiales que posees), que Dios no ama a los que se regocijan!” (Corán, 28:76).

Apareció ante su pueblo, rodeado de pompa. Los que deseaban la vida de acá dijeron: “¡Ojalá se nos hubiera dado otro tanto de lo que se ha dado a Coré! ¡Tiene una suerte extraordinaria!”.

Pero los que habían recibido la Ciencia: “¡Ay de vosotros! La recompensa de Dios es mejor para el que cree y obra bien. Y no lo conseguirán sino los que tengan paciencia”.

Hicimos que la tierra se tragara a él y su vivienda. No hubo ningún grupo que, fuera de Dios, le auxiliara, ni pudo defenderse a sí mismo.

A la mañana siguiente, los que la víspera habían envidiado su posición dijeron:”¡Ah! Dios dispensa el sustento a quien El quiere de Sus siervos: a unos con largueza, a otros con mesura. Si Dios no nos hubiera agraciado, habría hecho que nos tragara (la tierra). ¡Ah! ¡Los infieles no prosperarán!”. (Corán, 28:79-82).

El Corán nos informa que “murmurar” y “difamar” son algunos de los comportamientos que Dios detesta. Quien en verdad respeta a Dios tiene que evitar estrictamente el espiar, la calumnia y la burla a otros, así como descubrir sus errores. Dios prohíbe en el Corán la murmuración y la difamación:

¡Creyentes! ¡Evitad conjeturar demasiado! Algunas conjeturas son pecado. ¡No espiéis! ¡No calumniéis! ¿Os gustaría comer la carne de un hermano muerto? Os causaría horror… ¡Temed a Dios! Dios es indulgente, misericordioso. (Corán, 49:12).

Como se evidencia en el versículo, Dios nos dice en el Corán que la calumnia es tan repugnante como comer la carne de un hermano muerto.

También nos dice que nos comportemos correctamente en el transcurso de la vida, pues ésta es una oportunidad concedida por nuestro Señor para demostrar que seguimos Su sendero. Actualmente la mayoría de las personas son inconscientes de esto. En lugar de obedecer las órdenes y consejos de Dios, buscan otras guías. Influenciados por las películas que ven y las canciones que escuchan, adoptan valores equívocos. Por ejemplo, cuando los jóvenes ven en una película a un héroe cruel y despiadado, a menudo lo imitan después de salir del cine.

En cambio la persona sensata y franca siempre muestra los rasgos de conducta que complacen a Dios. Los profetas son las personas cuyos pasos hemos de seguir. La conducta que debemos practicar es la marcada por lo que complace a Dios: la misericordia, la indulgencia, la modestia, la humildad, la paciencia y la obediencia a El y a Su Mensajero. Quien adopte esos nobles valores evita las disputas. Por el contrario, las resuelve o supera con tolerancia. El Corán nos ordena que seamos obedientes y respetuosos con nuestros padres en lugar de rebeldes y desobedientes. Dios nos subraya en el Corán la importancia de ser respetuosos con nuestros padres:

Tu Señor ha decretado que no debéis servir sino a El y que debéis ser buenos con vuestros padres. Si uno de ellos o ambos envejecen en tu casa, no les digas “¡Uf!” y trates con antipatía, sino sé cariñoso con ellos.

Por piedad, muéstrate deferente con ellos y di: “¡Señor, ten misericordia de ellos como ellos la tuvieron cuando me educaron siendo niño!” (Corán, 17:23-24).

El ser obedientes a nuestros padres, sin exhibir el más ligero signo de irritación –diciendo “Uf”–, y tener misericordia y ternura con ellos, es una importante forma de ser que Dios nos demanda. Si exhibimos ese comportamiento nos ganaremos el amor de Dios y también disfrutaremos de más felicidad y paz en nuestras vidas.

Sólo cuando se cumple con el Islam se puede aplicar ese tipo de conducta alabado en el Corán. Es difícil que la gente incrédula incorpore a su conducta los valores mencionados. Ustedes deben evitar ser como los no creyentes y tener siempre presente el versículo que dice así:

O ¿creéis que vais a entrar en el Jardín sin que Dios haya sabido quiénes de vosotros han combatido y quiénes han tenido paciencia? (Corán, 3:142).

Nunca olviden que Dios les amará más y les concederá más de Sus bendiciones cuando sean pacientes, humildes, sacrificados, generosos y obren correctamente.

ADORAR A DIOS

Dios, el Creador de todo lo que ustedes poseen y de lo que hay por todas partes, es el dueño del poder infinito. Nuestro Señor nos creó y nos ordena que Le obedezcamos y nos comportemos correctamente, como describe el Corán. Todo lo que nuestro Señor nos exige es que Le adoremos. Ayunar, rezar, ser agradecidos con Dios, ser pacientes y comprometernos en las buenas acciones, son algunos de los actos de adoración.

Pero la mayoría de las personas reniegan de ese tipo de cosas, a pesar de ser conscientes de las virtudes que encierran. Debido a la arrogancia pecaminosa, les resulta muy difícil ser obedientes a Dios. Hacen oídos sordos a las palabras de Dios porque se consideran muy importantes. Rechazan aceptar que Dios les creó y se atreven a rebelarse en su contra. A pesar de que saben que fue el Todopoderoso quien les ha dado el corazón, el oído, la salud, en resumen, todo lo que hay en la tierra, no se muestran agradecidos a Él por todos estos favores.

Pero estas personas sentirán una gran amargura. Ser ingratos y arrogantes les acarreará un transcurrir penoso en este mundo y un profundo pesar en la otra vida. La ingratitud (kufr) que ellos muestren en este mundo les asegurará el fuego del Infierno.

Todo el que no quiera lamentarse por ser uno de los que entrarán al Fuego, debe ser agradecido con Dios. Lo que El nos pide es que Le seamos agradecidos, que Le supliquemos y Le adoremos por todas las bendiciones que nos ha dado. Entonces, al ver en nuestro entorno las diversas bendiciones hermosas y perfectas -que por sí solas no habrían podido existir-, hemos de recordar a Dios y sentirnos agraciados. No debemos ser de los que pasan por alto las bendiciones que derrama sobre nosotros.

Dios también nos ordena en el Corán practicar otras formas de adoración. Algunas de ellas son: rezar cinco veces al día, ayunar durante el mes de Ramadán, pagar el zakat (impuesto sobre los bienes) y hacer el hayy (la peregrinación) a la Meca, de ser posible, al menos una vez en la vida.

Rezar cinco veces al día, estableciendo así la oración en nuestras vidas, familias y comunidades, normalmente nos ayuda a recordar nuestras debilidades como siervos de Dios. Es un acto de adoración que ha de ser cumplido en determinados momentos. Dios nos informa en el Corán que esta forma de adoración nos ayuda a apartarnos de las malas acciones, las cuales Le desagradan.

El ayuno es otra forma de adoración establecida en el Corán. Dios ordena que durante el mes de Ramadán no se come ni se bebe desde la salida a la puesta del sol. La abstención de comida y bebida durante un cierto periodo de tiempo nos permite desarrollar la paciencia.

Pagar el zakat, otra forma de adoración, consiste en dar una porción de nuestros bienes a los pobres, a los necesitados y a todo aquel que le corresponda recibirlo. Es muy importante cumplir con este acto porque elimina la pobreza y exhibe la autoentrega, conductas que complacen a Dios. Además, pagar el zakat mejora la cooperación entre las personas y desarrolla el espíritu humano.

La Súplica es una Manera de Acercarnos Más a Dios

Dios da gran importancia a la súplica: Di: “Mi Señor no se preocupa de vosotros si no fuese porque Le invocáis… (Corán, 25:77). Como sugiere este versículo, el valor de una persona ante Dios depende de su oración. Una persona que ora, pide todo lo que necesita sólo a Dios, el Dueño de todas las cosas.

Dios ha creado todo cuanto necesitamos, como bendiciones para nosotros. Tomen como ejemplo la comida, esencial para la vida humana. El ha creado las verduras, las frutas, los pollos, las vacas, etc., así como a sus padres y a todas las personas en su entorno. El Todopoderoso ha dotado a las personas con cuerpo, inteligencia, conocimiento, fuerza, salud y los favores de los que disfrutan.

Lo que comemos se lo debemos a El, al igual que la capacidad de ingerirlo. ¡Piensen en esto por un momento! ¿Podrían masticar sin los dientes? ¿Podrían digerir los alimentos sin sus estómagos? ¿Tendría alguna razón de ser ese alimento si careciésemos de sistema digestivo?

Es Dios Quien quiere que nos alimentemos y a Quien hemos de suplicar cuando queramos que algo ocurra o conseguir algo, porque es El Quien concede todas las bendiciones. Por consiguiente, debemos pedir todo a nuestro Señor.

Lo dicho lo entenderemos mejor con un ejemplo.

Al pulsar un interruptor para encender la luz, ¿se puede decir que ese dispositivo es el que crea la luz? Por supuesto que no. El interruptor es sólo un medio, como lo es el cable que conduce la electricidad. En este mundo es Dios Quien crea las causas para cada efecto. Creó el agua que en las presas mueve grandes turbinas para producir electricidad. Los cables conducen el fluido eléctrico y finalmente la lamparita transforma la electricidad en luz. Pero es Dios Quien crea la luz. Si El lo quisiese, podría crear la electricidad sin dichas causas. Pero Dios quiere que nosotros usemos nuestra inteligencia, que pensemos, y que reflexionemos en Su creación, de modo que lleguemos a la fe por convicción.

Cuando queremos agua abrimos el grifo. ¿Podemos decir que éste o la cañería son los que originan el agua? Al igual que en el caso del interruptor, el grifo y la cañería sólo son un medio, no la causa.

Hacer una lista de todos los motivos por los que debemos agradecer a Dios y suplicarle ocuparía millones de libros.

Ésta es la perspectiva que debemos adoptar, pues nos explica porqué necesitamos pedirle a Dios, es decir, nos aclara que Dios es el creador de todo.

En consecuencia, jamás deben ser influenciados por personas que no den importancia a los criterios vistos. La negativa a ejercitar la inteligencia y el rechazo hacia el pensamiento y la reflexión, conduce a graves errores. Dios nos informa del final que les espera a personas que proceden así.

Nuestro premio o castigo en la otra vida depende de cómo nos comportemos en este mundo y del esfuerzo que hagamos por acercarnos a El. En la otra vida todas las personas serán recompensadas por sus acciones.

– ¿Cómo podemos suplicar?

Para poder suplicar es esencial reflexionar sobre el poder y grandeza de Dios, sentir un respeto reverencial por Él, solicitar lo que deseamos humildemente y en secreto. El Corán nos adoctrina al respecto:

¡Invocad a vuestro Señor humilde y secretamente! Él no ama a quienes violan la ley (Corán, 7:55).

La súplica no se limita a ciertas horas o lugares. Podemos pensar en El y pedirle en cualquier momento, como nos lo indica el Corán:

que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y meditan en la creación de los cielos y la tierra: “¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! ¡Presérvanos del castigo del Fuego!”. (Corán, 3:191).

¡Acordaos de Mí, que Yo Me acordaré de vosotros! ¡Dadme las gracias y no me seáis desagradecidos!

¡Vosotros, los que creéis, buscad ayuda en la paciencia y en la Oración! Dios está con los pacientes. (Corán, 2:152-153).

El Corán nos da ejemplos de cómo suplicaban los profetas y los creyentes:

Dijo (Noé):”¡Señor, líbrame de pedirte algo de lo que no tengo conocimiento! Si Tú no me perdonas y Te apiadas de mí, seré de los que están perdidos…” (Corán, 11:47).

Y cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Casa (la Caaba)(dijeron): “¡Señor, acéptanoslo! ¡Tú eres Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe!

¡Y haz, Señor, que nos sometamos a Ti (que seamos musulmanes), haz de nuestra descendencia una comunidad sumisa a Ti, muéstranos nuestros ritos y vuélvete a nosotros! ¡Tú eres ciertamente, el Indulgente, el Misericordioso!

¡Señor! Suscita entre ellos (entre nuestros descendientes) a un Enviado (predicción de la venida de Muhammad) de su estirpe que les recite Tus versículos y les enseñe la Escritura y la Sabiduría y les purifique. Tú eres, ciertamente, el Poderoso, el Sabio”. (Corán, 2:127-129).

(Dijo José) ¡Señor! Tú me has dado (en Egipto) el dominio y me has enseñado a interpretar sueños (historias). ¡Creador de los cielos y de la tierra! ¡Tú eres mi Amigo en la vida de acá y en la otra! ¡Haz que cuando muera lo haga sometido a Ti y me reúna con los justos!” (Corán, 12:101).

(Dijo Salomón) “… ¡Señor! ¡Permíteme que Te agradezca la gracia que nos has dispensado, a mí y a mis padres! ¡Haz que haga obras buenas que Te plazcan! ¡Haz que entre a formar parte, por Tu misericordia, de Tus siervos justos!” (Corán, 27:19).

Di: “¡Oh Dios, Dueño del dominio! Tú das el dominio a quien quieres y se lo retiras a quien quieres, exaltas a quien quieres y humillas a quien quieres. En Tu mano está el bien. Eres omnipotente. (Corán, 3:26).

Dijo (Moisés): “¡Señor! ¡Infúndeme ánimo (ábreme el pecho)! ¡Facilítame la tarea! ¡Desata un nudo de mi lengua! Así entenderán lo que yo diga. Dame a alguien de mi familia que me ayude: a Aarón mi hermano. ¡Aumenta con él mi fuerza y asóciale a mi tarea, para que Te glorifiquemos mucho y Te recordemos mucho! Tú nos ves bien” (Corán, 20:25-35).

que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y meditan en la creación de los cielos y la tierra: “¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! ¡Presérvanos del castigo del Fuego!”.

¡Señor! Tú cubres de oprobio a quien introduces en el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie.

¡Señor! Hemos oído a uno que llamaba a la fe: “¡Creed en vuestro Señor!” y hemos creído. ¡Señor! ¡Perdónanos nuestros pecados! ¡Borra nuestras malas obras y recíbenos, cuando muramos, entre los justos!

¡Y danos, Señor, lo que nos has prometido por Tu mensajeros y no nos cubras de oprobio el Día de la Resurrección! Tú no faltas a Tu promesa.

Su Señor escuchó su plegaria: “No permitiré que se pierda obra (las obras buenas) de ninguno de vosotros, lo mismo si es varón que si es hembra, que habéis salido los unos de los otros…” (Corán, 3:191-195).

LA VIDA EN EL OTRO MUNDO DESPUES DE LA MUERTE

Algunas personas consideran que la muerte es el final de todo. Pero la verdad es que la muerte es una transición de la vida de este mundo a la vida del más allá. Es como una puerta hacia un nuevo tipo de vida.

Al otro lado de dicha puerta, es decir, en la vida del más allá, el conseguir el Jardín o el Fuego depende de nuestra creencia pura en la unicidad de Dios y de la aceptación o no por Su parte de nuestras acciones y comportamientos en este mundo.

La muerte es sólo el fin de un cierto período de tiempo. Es similar al toque de campana que señala el fin de un examen. Este período es distinto para cada uno de nosotros. Dios le ha concedido a cada ser humano un lapso de vida diferente. Algunos llegan a los treinta años, mientras que otros disfrutan de una vida de más de cien años. Así como Dios decide la fecha de nacimiento de cada persona, es decir, el comienzo de su tiempo de examen, Dios decide también cuándo se acaba su existencia. En otras palabras, solo Dios sabe a qué edad morirá cada ser humano.

¿Cómo Hemos de Considerar la Muerte?

La muerte, es decir, el fin del período de nuestra prueba en este mundo, es una fuente de felicidad y alegría para los creyentes. Es raro sentir lástima por alguien que ha superado un examen con éxito, ¿no? Por lo tanto no se debería sentir tristeza por alguien que muere, aunque se trate de un familiar cercano o alguien al que amamos. Una persona de fe reconoce que la muerte no es una separación permanente sino que simplemente finaliza su período de examen en este mundo. Sabe que en el Más Allá Dios reunirá a los creyentes que obedecieron Sus órdenes en este mundo y les recompensará con el Jardín. El que es consciente de esto, en lugar de sentir pena sentirá una gran felicidad.

Y debido a que Dios puede tomar nuestras almas en cualquier momento, debemos esforzarnos por ganarnos Su complacencia.

En resumen, la muerte no es un fin sino una puerta que nos conduce al Más Allá, donde la vida es eterna. En consecuencia, tenemos que prepararnos para ello. ¿Piensan que una persona que hace un examen quiere que éste dure para siempre? Claro que no. Sólo quiere responder todo correctamente e irse contento.

Del mismo modo, el ser humano debe esforzarse en este mundo por aprobar su examen, lograr la complacencia de Dios y amarlo, para así ganarse el Jardín.

Para eso contamos permanentemente con el amor y la protección de nuestro Señor, el Misericordiosísimo, como lo indica un versículo coránico:

………¡Mi Señor todo lo vigila! (Corán, 11:57).

El Más Allá

Dios describe en muchos versículos del Corán la naturaleza temporal de este mundo, subrayando que la verdadera morada del ser humano está en el Más Allá. Cuando la muerte nos sorprende, dejamos de ser probados en este mundo y empezamos a vivir en el otro, donde la existencia es eterna pues el alma de cada persona es eterna. Entre las incontables bendiciones que creó Dios, se encuentra la de la vida en este mundo. Gracias a Sus favores y el actuar como El nos indica, podemos ganarnos Sus mayores premios. Y a ese efecto creó, como premio o castigo, el Jardín y el Fuego.

Dios nos informa cómo nos retribuirá en el Más Allá:

Quien presente una buena obra, recibirá diez veces más. Y quien presente una mala obra, será retribuido con sólo una pena semejante. No serán tratados injustamente. (Corán, 6:160).

Dios es muy misericordioso con nosotros. A los buenos premiará generosamente, mientras que a los que se merezcan el castigo sólo les dará el equivalente a sus malas acciones. No será injusto con nadie. En cambio nosotros sí somos injustos con otros. En este mundo un pecador puede engañar o descarriar a las demás personas. Pero si no ha creído en Dios y Su unicidad, por cierto que Dios le castigará en la otra vida. Al musulmán Dios puede castigarle o perdonarle. El es quien retribuye como corresponde porque todo lo ve y todo lo sabe.

El Jardín y el Fuego

Después de la muerte los seres humanos pasaremos nuestras vidas en uno u otro de dos sitios diferentes: El Jardín o el Fuego. Una vez más, es el Corán el que nos proporciona información puntual sobre estos lugares.

Puede ser que ustedes hayan estado en lugares con bellos paisajes o bien hayan visto escenarios impresionantes en las películas, lugares en los que les hubiese gustado permanecer siempre. Pero el Jardín es incomparablemente más hermoso que cualquiera de esos sitios o vistas. Y la comida de la que disfrutarán los creyentes es mucho más deliciosa que la comida de este mundo.

Dios, el Creador de todo lo primoroso en este mundo, nos informa que en el Jardín ha creado una belleza superior a todo lo conocido para los creyentes sinceros.

Las Dificultades en Este Mundo Hacen que Entendamos Mejor la Belleza del Jardín.

En la vida terrenal sufrimos muchas dificultades. Nos enfermamos, nos podemos romper los brazos o las piernas, sufrimos el calor, el frío o de dolor de estómago, se nos estropea la piel, etc. Observen las fotografías de sus padres cuando eran jóvenes y compárenlas con sus rostros ahora. Notarán la diferencia.

Es Dios quien ha hecho que los seres humanos suframos esa decadencia en este mundo. Pero en el otro mundo eso es inexistente. Si reflexionamos sobre las debilidades que nos aquejan aquí, apreciaremos mejor el valor del Jardín, pues allí desaparecen esas y otras dificultades. Piensen en todo lo que les desagrada en este mundo… Nada de ello encontrarán allá.

El Jardín está decorado con las bendiciones que más placer producen al ser humano. Lo mejor de lo que comemos y bebemos tiene su igual sin defectos en el Jardín. Allí nunca se siente frío o calor, no existen las enfermedades, nada produce preocupación, tristeza o envejecimiento. No se encontrará ni una sola persona mala porque ellas, que no han creído en Dios y Le negaron, permanecerán en el Fuego, el lugar que se merecen. En el Jardín se habla con amabilidad; no se maldice, nadie se enoja, grita o daña a otros. Todas las personas de bien que tengan una fe verdadera en la unicidad de Dios, actúen de la manera que le agrada a El y merecen el Jardín, estarán allí conviviendo como amigos para siempre.

Sabemos por el Corán que en el Jardín existen cosas magníficas: espléndidas mansiones, jardines umbríos y ríos que fluyen, para más gozo de sus moradores. Por eso, todo lo que describimos antes es insuficiente para graficar las bendiciones del Jardín. La belleza del Jardín supera cualquier cosa que imaginemos.

También nos informa Dios en el Corán que en el Jardín obtendremos más de lo que esperamos. Por voluntad de Dios, cualquier cosa que allí se desee se obtendrá en un instante. En un versículo nos dice Dios:

…Tendréis allí todo cuanto vuestras almas deseen, todo cuanto pidáis. (Corán, 41:31).

Algunos versículos coránicos revelan la belleza del Jardín:

Imagen del Jardín prometido a quienes temen a Dios: habrá en él arroyos de agua incorruptible, arroyos de leche de gusto inalterable, arroyos de vino, delicia de los bebedores, arroyos de depurada miel. Tendrán en él toda clase de frutas y perdón de su Señor… (Corán, 47:15).

A quienes hayan creído y hecho el bien hemos de alojarles en el Jardín, eternamente, en cámaras altas, a cuyos pies fluyen arroyos. ¡Qué grata es la recompensa de los que obran bien, (Corán, 29:58).

Entrarán en los jardines del Edén. Allí se les ataviará con brazaletes de oro y con perlas, allí vestirán de seda. (Corán, 35:33).

Ese día, los moradores del Jardín tendrán una ocupación feliz.

Ellos y sus esposas estarán a la sombra, reclinados en sofás. Tendrán allí fruta y lo que deseen. (Corán, 36:55-57).

estarán entre azufaifos sin espinas y liños de acacias, en una extensa sombra, cerca de agua corriente y abundante fruta, inagotable y permitida, en lechos elevados. (Corán, 56:28-34).

Dios nos informa que la gente que merece el Jardín permanecerá allí eternamente:

Quienes creyeron y obraron bien -a nadie pedimos sino según sus posibilidades-, esos morarán en el Jardín eternamente. (Corán, 7:42).

El creyente, esencialmente, siente placer cuando logra la complacencia de Dios. Saber que eso es así y sentirlo, resulta el mayor goce que el ser humano puede tener en este mundo.

El Tormento en el Fuego Será Eterno

Quienes se rebelan contra Dios y se niegan a aceptar Su existencia, también serán recompensados en consecuencia. Se trata de gente arrogante que no cree que Él es el creador de todo y no realiza los actos de adoración que se espera de ellos. Por el contrario, inducen a lo malo en este mundo y debido a ello serán castigados en el Fuego.

Algunas personas cometen diversos crímenes. Si nadie les ve, quedan impunes. Pero no se dan cuenta que Dios les observa en todo momento y que El conoce incluso sus pensamientos íntimos.

Todos serán recompensados por las buenas o malas acciones que hayan realizado, abiertas o encubiertas. Dios, el más justo de los justos, nos da en el Corán la buena nueva de que incluso la más diminuta acción correcta será premiada generosamente. También nos informa que las personas serán premiadas si se arrepienten y Le piden perdón. Pero también advierte sobre la resultante de no creer en Él, no cumplir con los mandatos coránicos y pensar que no existe la vida después de la muerte.

El Fuego es la recompensa de aquéllos que se rebelan contra Dios. El Corán lo describe así:

que tomaron su religión a distracción y juego, a quienes la vida de acá engañó”. Hoy les olvidamos, como ellos olvidaron que les llegaría este día y negaron Nuestros signos. (Corán, 7:51).

A la gente del Fuego le espera un castigo doloroso que no se puede comparar con ningún dolor en este mundo. El Infierno es un lugar donde prima el miedo, la pena, la desesperación y la infelicidad. Las personas del Fuego suplicarán a Dios y Le pedirán que les saque de allí. Pero ya será demasiado tarde para sentirse apenado o compungido, como fue el caso, seguramente, del arrepentimiento de Faraón. Dios le concede al ser humano oportunidades hasta poco antes de morir. Pero el arrepentimiento no le servirá de nada si no es sincero y sólo está motivado por sentir la proximidad de la muerte.

Las personas del Fuego vivirán una vida infinitamente peor a la de los animales. El único alimento que tendrán será la fruta de la espina amarga y el árbol de Zaqqum. Su bebida será sangre y pus. Con la piel destrozada, la carne ardiendo y la sangre salpicando por todos lados, llevarán un pasar degradante. Con las manos atadas al cuello, serán arrojados a lo más profundo del fuego. Y esa situación y sufrimiento serán eternos.

Muchos creen que el Fuego es un lugar temporal y que una vez cumplido el castigo por sus malas acciones entrarán en el Jardín. Pero Dios nos dice en el Corán:

Se cerrará un fuego sobre ellos. (Corán, 90:20).

Es que han dicho: “El fuego no nos tocará más que por días contados”. Sus propias mentiras les han engañado en su religión. (Corán, 3:24).

Lo que debe hacer el musulmán que es conciente de sus errores y malas acciones es arrepentirse, suplicar y buscar el perdón de Dios. Nuestro Señor nos informa en el Corán que perdonará cualquier mala acción siempre y cuando nos arrepintamos sinceramente. El versículo al respecto dice así:

Di: “¡Siervos que habéis prevaricado en detrimento propio! ¡No desesperéis de la misericordia de Dios! Dios perdona todos los pecados (pero nunca perdona que se le asocie otros a El) Él es el Indulgente, el Misericordioso”. (Corán, 39:53).

Es importante que el ser humano sea conciente de sus errores y pida perdón a Dios para evitar en la otra vida un arrepentimiento permanente que no le servirá de nada. Sólo así se salvará del tormento insoportable del Fuego.

CONCLUSION

¡Queridos niños! En este libro hemos tratado los hechos más importantes y fundamentales de nuestras vidas. Por eso ahora les hacemos preguntas que les motiven a buscar respuestas acertadas: “¿Cuál es el propósito de nuestras vidas?”, “¿Cómo quiere que nos comportemos nuestro Señor, Quien nos creó a nosotros y a todo lo que nos rodea?”, “¿Cuáles son nuestras responsabilidades con nuestro Señor?”, “¿Cómo se entiende la vida en el Más Allá?”, “¿Por qué debemos cuidarnos de no ser enviados al Fuego?”, etc.

Esperamos que piensen en las respuestas correspondientes con mucho cuidado. Aún son muy jóvenes, pero nunca olviden que pueden llegar a ancianos.

Puede ser que algunos les digan que son demasiado jóvenes para pensar en la muerte. Pero deben tener presente que nadie sabe cuándo le llegará el fin de esta vida. Puede ocurrir ahora, dentro de un día o luego de cierta cantidad de años. Si tienen en cuenta todo lo que decimos, comprenderán de inmediato cuán insensato es dejar pasar el tiempo sin ocuparnos de las cosas aquí tratadas.

En esta vida siempre se puede encontrar alguna excusa para todo e incluso convencer a otros con ideas equivocadas. Pero frente a Dios en el otro mundo -que se presenta después de la muerte- no valdrá ninguna excusa para justificar las faltas y las malas acciones porque El es omnisciente y todo lo ve.

Es por eso que deben pensar en estas verdades sin perder tiempo y empezar a esforzarse para convertirse en personas amadas por Dios.

…”¡Gloria a Ti! No sabemos más que lo que Tú nos has enseñado. Tú eres, ciertamente, el Omnisciente, el Sabio”. (Corán, 2:32)

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